Ser preciso al comunicarte: los dolores de cabeza que te ahorra… Parte 2

En este post continuaremos con los puntos que quedaron pendientes del anterior, para que tengas una idea más aproximada de cómo debes expresarte para evitar malos entendidos y tener una comunicación diáfana siempre:

3. Hay que crear un valor para el destinatario de nuestra petición: No creas que nadie va a darte algo a cambio de nada: averigua primero cómo interesar a tu interlocutor. Si tienes una idea comercial, por ejemplo, y necesitas dinero para ponerla en marcha, una manera de obtenerlo es encontrar a alguien que pueda ayudar y al mismo tiempo beneficiarse. Demuéstrale que tu idea representa dinero para ti y también para él. Aunque no siempre es obligado que dicho valor sea así de tangible. Por ejemplo, si alguien viniera a verme y me dijera que necesita diez mil dólares, seguramente le diría:

Si ese alguien me dijera que necesitaba el dinero para mejorar la vida de otras personas, tal vez lo escuche y si me demostrase cómo planeaba ayudar a otros y crear valores para ellos, yo procuraría entender cómo ayudándole a él se creaba también un valor para mí mismo…

4. Pide con fe concentrada y coherente: La mejor garantía del fracaso es un mensaje incoherente. Si no estás convencido de lo que pides, ¿a quién conseguirás convencer? Por tanto, cuando pidas, hazlo con absoluta convicción. Exprésala en tus palabras y en tu fisiología. Demuestra que estás seguro de lo que quieres, seguro de que vas a triunfar y seguro de que tu proposición interesa, no sólo a ti mismo sino también a quien te escucha. En ocasiones, uno hace las cuatro cosas a la perfección. Uno pide cosas concretas, se las pide a quien está en condiciones de ayudar, sabe interesar a quien recibe la petición, lo pide coherentemente, y sin embargo no obtiene lo que pide. Esto ocurre porque se omite un quinto detalle. No ha pedido «hasta que». Es la quinta parte, y la más importante, en eso de pedir con inteligencia.

5. Pedir hasta que se obtiene lo pedido: Esto no significa pedir una y otra vez a la misma persona, ni pedir siempre de la misma forma. Recuerda que es preciso desarrollar una agudeza sensorial que nos indique si vamos bien encaminados, así como la flexibilidad necesaria para cambiar. En consecuencia, cuando pides, debes cambiar y adaptarte hasta obtener lo que deseas.

Verás, cuando se estudian las vidas de los triunfadores aparece siempre la perseverancia en pedir, en repetir los intentos de mil maneras distintas… porque ellos sabían que tarde o temprano darían con alguien capaz de satisfacer sus necesidades. ¿Cuál es la parte más difícil de la fórmula? Para muchos, lo de pedir concretamente. Lastimosamente, no vivimos en una cultura en la que la exactitud en las comunicaciones sea la regla, es uno de nuestros mayores defectos culturales. La lengua refleja las necesidades sociales. Por ejemplo, en el idioma esquimal existen varias docenas de palabras para designar la palabra “nieve”.

¿Por qué?

Porque un esquimal necesita distinguir bien entre diferentes clases de nieve: está la nieve que puede hacernos caer en un agujero, la nieve que sirve para construir el iglú, la nieve buena para que corran los perros, la nieve fácil de fundir para hacer agua… Yo soy colombiano y jamás he visto nieve en persona, sólo en televisión, por ende, para mí es «la nieve» y punto.

Muchas de las frases y palabras que utilizamos en nuestra cultura tienen poco o ningún significado concreto. A estas expresiones generales, no basadas en ninguna percepción detallada, Tony Robbins las llama «hojarasca verbal». No son oraciones descriptivas; más bien son conjeturas. Por ejemplo, es hojarasca decir:

  • «María parece deprimida»
  • «María tiene cara de cansada»
  • «María está deprimida”
  • «María está cansada»

Lo concreto es decir:

  • «María es una mujer de treinta y dos años de edad de ojos azules y cabello castaño, que está sentada a mi derecha. Se ha recostado en el sillón, bebe un refresco de régimen y tiene la mirada vaga y la respiración superficial»

Observa esto: ésa es la diferencia entre la descripción exacta de unas circunstancias verificables y el hacer suposiciones sobre cosas que nadie puede ver. El que habla no puede saber lo que está ocurriendo en la mente de María, pero tiene un mapa y cree reconocer la experiencia por la que ella está pasando. Por eso, el farsante y ladrón (robó a Tesla, por ejemplo) Thomas Edison

decía (aunque dudo que lo dijera, fijo le robó la frase a alguien más):

«El hombre no dejará expediente por ensayar con tal de eludir el verdadero trabajo de pensar«

Mira, el dar las cosas por sentadas es típico de comunicadores mediocres y es uno de los errores más peligrosos que uno puede cometer en el trato con los demás. Un ejemplo elocuente de ellos es el caso del reactor nuclear de Three Mile Island, ocurrido el 28 de marzo de 1979.

El New York Times informó que muchos de los problemas causantes del accidente que obligó a cerrar la central habían sido descritos ya en comunicados interiores. Luego los funcionarios de la compañía confesaron que dieron por supuesto que alguien estaría encargándose del asunto: en vez de dar los pasos directos, es decir, preguntar concretamente por el responsable y averiguar concretamente si se estaba haciendo algo, supusieron que alguien, en alguna parte, haría lo que hiciera falta. Y el resultado fue uno de los peores accidentes nucleares de la historia de los Estados Unidos. Obvio, la planta se cerró ya que el reactor TMI-2 sufrió una fusión parcial del núcleo… Nuestro lenguaje consta en gran parte de generalizaciones imprudentes y de suposiciones. Ese descuido en la expresión puede llegar a vaciar de contenido real casi todas nuestras comunicaciones. Si la gente nos dice con precisión lo que le preocupa concretamente, y nosotros entendemos lo que piden, se podrá hacer algo (eso es vital para mí como Coach) pero si usan palabras vagas y generalizaciones, se pierde uno en la neblina mental. La clave para la eficacia en las comunicaciones consiste en despejar esa neblina, en aventar esa hojarasca. Son múltiples los procedimientos mediante los cuales saboteamos la comunicación verdadera, cuando usamos un lenguaje descuidado y abusivamente generalizado. Mira, si quieres dialogar con eficacia, debes estar preparado para la aparición de la hojarasca y saber formular preguntas que permitan extraer la mayor cantidad posible de información útil. Por eso, cuanto más nos acerquemos a una interpretación completa de las representaciones internas del otro, mejores resultados tendremos. Y para que vuele esa «hojarasca verbal» necesitamos de algo llamado «Paquete Verbal» y que seguiremos viendo en el siguiente post.

Gracias por leerme, no olvides comentar en la parte de abajo y te deseo Ananda para ti y los tuyos 😉

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