Ser preciso al comunicarte: los dolores de cabeza que te ahorra… Parte 1

En esta serie de posts, hablaremos de algo que, inicialmente, Grinder y Bandler (creadores de la Programación Neuro Lingüística) bautizaron como «Metamodelo» y luego, John Grinder (quien, como sabes, es lingüista) lo llamó «Modelo de Precisión» pero con el tiempo vio que era complejo para el no entrenado y ahora lo llama «Paquete Verbal» en lo que se conoce como Nuevo Código de PNL. Verás, alguna vez, el escritor francés Gustave Flaubert

dijo:

«El lenguaje humano es como un caldero cuarteado que
hacemos resonar para que baile el oso, al mismo tiempo que
intentamos conmover las estrellas»

Es seguro que, alguna vez, has oído palabras que sonaron mágicas para ti. Quizá fue un discurso, como el famoso «He tenido un sueño» de Martin Luther King (agente de la CIA, por cierto) o a lo mejor, fueron palabras de tu padre o de tu madre o de algún maestro. Todos recordamos ocasiones en que alguien habló con tanta fuerza, precisión y resonancia, que sus palabras se quedaron con nosotros para siempre. El escritor Rudyard Kipling (autor de El Libro de la Selva y masón hasta el cogote) dijo alguna vez:

«Las palabras son la droga más poderosa de la humanidad»

Y tampoco olvidamos ocasiones en que las palabras tuvieron un carácter mágico, totalmente absorbente. Cuando estudiaban a los triunfadores, John Grinder y Richard Bandler descubrieron muchos atributos comunes, siendo uno de los más importantes, la facultad de comunicarse con precisión. Un gerente debe saber gestionar las informaciones para tener éxito. Hallaron que los mejores dirigentes poseían cierto genio para ir rápidamente al grano de un cúmulo de informaciones y participar a los demás lo que habían aprendido. Tendían a utilizar las palabras y las frases clave para comunicar sus ideas más importantes con gran exactitud y también tenían presente que no necesitaban saberlo todo. Distinguían entre lo que necesitaban saber y lo que no, y se limitaban a lo primero. Observaron también que ciertos terapeutas sobresalientes, de los cuáles ya te hablé, como Virginia Satir, Fritz Perls y el doctor Milton Erickson utilizaban ciertas frases que en ocasiones les permitían obtener resultados inmediatos con los pacientes, es decir, en una o dos sesiones y no en uno o dos años. (Por eso el Coaching con PNL muchas veces es superior al modelo terapéutico estándar).

Uno de las piedras angulares de la PNL es que «el mapa no es el territorio»: las palabras que usamos para describir experiencias no son las experiencias mismas. Son sólo la mejor representación verbal que hemos sido capaces de dar de ellas. Para darte un ejemplo ilustrativo, te preguntaré… ¿entre estas dos personas, cuál tiene la razón?

Es lógico que una de las medidas del éxito sea la exactitud y la concisión con que nuestras palabras transmiten lo que deseamos, es decir con qué aproximación el mapa describe el territorio. Así como recordamos las veces que las palabras actuaron sobre nosotros con un poder mágico, también recordamos otras en que nuestra comunicación se estropeó irremediablemente. Tal vez creíamos decir una cosa, pero nuestro oyente entendió la contraria. Si un lenguaje exacto tiene la propiedad de hacer que los individuos vayan en la dirección correcta, un lenguaje negligente puede hacer que fallen. George Orwell,

autor de la novela 1984, la cuál se basa, justamente, en ese principio, escribió:

«Si el pensamiento corrompe el lenguaje, también éste puede corromper el pensamiento»

A partir de hoy conocerás los medios que te ayudarán a comunicarte con precisión y eficacia y aprenderás cómo guiar a otros hacia el mismo resultado. Son herramientas verbales muy sencillas, que cualquiera puede usar para cortar a través de la llamada por Tony Robbins «hojarasca verbal» y la distorsión que nos envuelven casi a todos. Las palabras pueden ser muros, pero también puentes. Hay que usarlas para unir a la gente, no para dividirla. Por eso es que el sencillo ejercicio de escribir las cosas que queremos es tan poderoso: se da porque es un mensaje claro y sin distorsiones para la mente inconsciente. Eso sí, no hay que esperar caridad ni lloriquear para lograr lo que queremos. Lo que quiero decir es que hay que aprender a pedir con inteligencia y con precisión. Te daré unas herramientas verbales mucho más específicas que son las cinco normas para pedir con inteligencia y precisión (en este post te revelaré 2):

  1. Pide concretamente: Debes describir lo que quieres, tanto para ti mismo como para quién te escucha. ¿Qué altura, qué distancia, qué tanto? ¿Cuándo, dónde, cómo, con quién? Si quieres un préstamo para tu negocio, lo conseguirás… si sabes pedirlo. No lo conseguirás si vas diciendo: «Necesitamos algo de dinero para promocionar una nueva línea de productos. ¿Puedes prestarnos un poco?». Tienes que definir exactamente lo que necesitas, por qué y cuánto. Tienes que demostrar cómo vas a ser capaz de hacerlo producir. Tony Robbins cuenta que, en su curso de definición de objetivos, la gente siempre le dice que quiere algo de dinero. Entonces va y les da unas monedas. Mira el contexto: ya que piden, se les concede, pero como no pidieron inteligentemente, no obtienen lo que necesitaban….
  2. Pide a quien pueda ayudarte: Sabes, pedir concretamente no basta; hay que pedir a quien posea concretamente los recursos (los conocimientos, el capital, la sensibilidad o la experiencia en los negocios). Digamos que tienes problemas con tu pareja. La relación está ad portas de acabarse y tú decides hablarle con el corazón en la mano. Procuras ser tan concreto y sincero como resulte humanamente posible. Pero si buscas la ayuda de alguien cuyas relaciones se encuentren en un estado tan lamentable como las tuyas, ¿habrás adelantado algo? Claro que no. Lo de hallar la persona adecuada a quien dirigir nuestra petición nos dicta la importancia de aprender a distinguir cuándo estamos acercándonos a lo que queremos. Cualquier cosa que se desee (mejores relaciones, un empleo más satisfactorio (o un negocio próspero), un programa mejor combinado para invertir los ahorros), ya otro lo tiene o lo está haciendo. El truco estriba en descubrir a esos otros y copiar lo que hacen bien. Muchos nos dejamos persuadir por gente que es inteligente pero sin experiencia. Encontramos un oído dispuesto a escucharnos y creemos que eso puede traducirse en resultados. No será así, salvo cuando la disposición para escuchar vaya acompañada de una metodología concreta para hallar respuestas en uno mismo, lo cuál hago yo con mis coachees…

Espera el próximo post, Ananda para ti y los tuyos 😉

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