El Miedo: es lo que te estanca ¿Cómo lo eliminas de tu vida? Parte 9

Hola que tal, ¿cómo te va? Hoy te diré cómo atajar esos 4 efectos secundarios, cuando ya se hayan producido. Éste va a ser un buen complemento para fortalecer tu mente. Ojo: el que las soluciones sean breves, no significa que no sean efectivas. El que la gente prefiera ir a caras sesiones de psicólogo (o psiquiatra) hablando durante meses de sus males, y mientras se consuman con fármacos, no significa que la solución sea mucho más rápida (y barata).

  1. Solución al estrés prolongado: surge en situaciones de mucho trabajo o de tensión prolongada. Aparece un miedo a «no sabes qué» y tu mente tiene que descansar. La solución es tan fácil como comer bien y reposar. Acepta que estas tenso, que tienes miedo a «no sabes qué» y que eso es normal. No sobreanalices, siente la tensión y acéptala. En cuanto lo aceptas te sientes automáticamente mejor. El ejercicio físico tampoco irá mal, así ayudarás a la mente a desconectar. Mientras haces deporte no puedes pensar en tus cosas y el cerebro descansa. De ahí la sensación de salir mentalmente flotando tras una sesión de ejercicio.
  2. Solución a las noches sin dormir: hay miedos que no dejan dormir (lo sé porque yo los tengo a veces). Es muy angustioso, te metes en la cama y no te duermes. El reloj da la una, las dos, las tres… y a la mañana siguiente te levantas destrozado. Luego de día eres incapaz de rendir porque tu mente está en otro planeta. La mejor manera de combatirlo es obligarte a estar ocupado de día y practicar técnicas de relajación antes de acostarte. Se basan en respirar profundo. Que el aire entre por la nariz, te llene el estómago y lo expulses lentamente. Diez minutos así será suficiente.

Aquí van 3 técnicas más que te ayudarán:

  1. Utiliza la respiración pausada. Aparta cinco minutos por la mañana, cinco por la tarde y otros cinco antes de dormir para respirar profundamente. Respira por la nariz, llenando el estomago y expúlsalo luego, de manera lenta. Suspirar crea un increíble bienestar y favorece la circulación. Sencillísimo y efectivo. Hazlo siempre que puedas.
  2. Llénate de energía durante el día, si estas cansado. Así, dormirás mejor por las noches. Prueba esto: respira hondo, contén la respiración quince segundos para que tus células se llenen de oxígeno y expulsa el aire, lentamente. Si haces esto cinco veces seguidas, tendrás energía para las próximas horas. Algunas veces, el insomnio irá acompañado de falta de apetito. Pero tienes que comer igualmente, sobre todo frutas y verduras. Para volverte positivo necesitas su agua, vitaminas y minerales. Aunque la ansiedad no te deje comer, come: necesitarás toda esa energía durante el día, para poder estar cansado por la noche. Y un último consejo: Si el insomnio te despierta a media noche, que no te preocupe y acéptalo: no mires el reloj. Incluso puedes encender la luz y jugar a algo o leer. Así te dará sueño y te volverás a dormir.
  3. Solución al pánico previo a una competición (una carrera, una reunión o un acontecimiento futuro): el pánico a una confrontación futura puede llevar a una sensación extrema de debilidad. Una vez más hay que dejar entrar al miedo y aceptarlo para que se diluya. Siente la tensión y acéptala como algo normal, cualquiera en tu situación sentiría lo mismo. Luego, da un primer paso visualizando como lo vas a hacer bien. En algunos casos extremos, te darán ganas de llorar. Pero, como le digo a mis clientes, si debes llorar, llora. Cuando terminan se habrán desahogado, habrán eliminado tensión y verán que la vida sigue. Muchos se avergüenzan de llorar, sobre todo los hombres, pero es un buen remedio para renovarse, ya que las catarsis emocionales son depuraciones que deben hacerse cada cierto tiempo.
  4. Solución a las depresiones: un estrés continuo puede acabar en el peor de los casos, en depresión. Esto no pasará al aceptar el miedo y dar un paso adelante. ¿Pero si el miedo ha pasado a mayores? La solución a esa angustia será igual. Dejarla pasar y mirarle a la cara. Solucionar la depresión es más fácil de lo que se cree: aparte del componente neurológico, es fruto de una mente cansada y nada mejor que descansar la mente aceptando la situación con una sonrisa. ¡Estoy deprimido! ¿Y qué? Cuando lo aceptas puedes desconectar y regenerarte con un hobby, una tarde con los tuyos o volcándote en el trabajo. Trabajar es perfecto para «no pensar» (y sus beneficios). En cuanto aceptas tu situación y desvías tu atención, tu mente dejará de dar vueltas sin sentido y la tensión desaparecerá.

El miedo tiene más efectos secundarios, pero todos son variaciones de los anteriores y la solución siempre es la misma: mirarle de frente, aceptarlo y luego actuar. Si dejas que el miedo o sus variaciones entren y les observas objetivamente, lo tienes. Las sensaciones no dañan, sólo tu reacción es peligrosa. Acepta los días de estrés y se irán como vinieron. Despégate de tu mente. Que no interfiera en tu vida. Deja que pasen las sensaciones y tú a lo tuyo. El miedo es algo natural, no eres único, todo el mundo tiene miedo. No pienses:

«Qué mal, aquí está ese sentimiento otra vez»

Al revés, acéptalo. Cuando les dejas pasar, el miedo y el estrés se diluyen.

La clave para controlar tu mente, es el desapego. Sólo dominarás tu mente cuando no te aferres a nada (ni a nadie). Eres mentalmente saludable, más al desprenderte de tus emociones: a lo largo de los siglos, en todas las religiones y filosofías, el bien más elevado es la paz mental que da el desapego. Es una de las clave de la felicidad: no es para nada incompatible con conseguir objetivos, como nos quieren hacer creer. El real desapego acelera esos objetivos. Verás, el budismo enseña que la principal causa del sufrimiento humano, es el apego…

Nos aferramos a ideas, opiniones y bienes materiales y sufrimos demasiado, al llegar a pensar que podemos perderlos. Es más, ni dormimos por la noches. Esas tontas preocupaciones acaban con nuestra salud.

¿Para qué tantas posesiones entonces?

Por eso, serás tan fuerte cuando intentes dominar tus impulsos y pensamientos. Porque todas las injusticias, malos modos, engaños, falta de modales y crítica destructiva que soportes, son ineludibles. Son parte de la vida y no se libra nadie. La otra opción es vivir en una cueva. Por eso la única pregunta tras una experiencia negativa será:

¿En qué tiempo récord voy a olvidar esto y seguir con mi vida?

La verdadera fuerza mental es la que te coloca en una posición superior. Estar por encima de tus emociones, es el verdadero poder. Tu mente es poderosa y si te imaginas algo con fuerza, tienes un 90% de posibilidades de conseguirlo. Y el restante 10% es porque realmente no lo deseabas con tanta fuerza. Pero si tú visualizas con antelación tu meta probablemente la conseguirás. Todo lo que puedas imaginar lo puedes conseguir. Ver es poder. Una técnica que funciona en muchos deportistas es visualizar su victoria antes de competir: se ven corriendo más rápido que nadie, golpeando a la bola mejor que nadie y apuntando mejor que nadie. Y luego ven el punto, la bola en el hoyo o la canasta.

Una y otra vez, con colores y detalles, sienten la concentración y oyen al público. Un campeón de golf que ganó varios torneos Grand Slam explicó cómo imaginaba sus partidos: los mejores golpes repetidos una y otra vez, en el momento de máxima tensión donde otros grandes perdían los nervios, él se veía con un pulso de acero asegurándose el hoyo. Luego cuando saltaba al torneo sabía que nadie le podía ganar, ya lo había ganado con antelación. Y lo mismo cuentan otros medallistas y estrellas del deporte, no van a sustituir el entrenamiento físico por la visualización pero será su mejor aliado. Algunos se sinceran y confiesan que la visualización compensa su falta talento y una metodología de entrenamiento deficiente. En otro experimento se preparó a dos grupos diferentes de estudiantes para un partido de basketball. Unos entrenaron una semana físicamente y otros se recluyeron sólo visualizando cómo ganaban partidos y acertaban encestando. Al de seis días se enfrentaron y el grupo que solamente visualizó ganó fácilmente. El experimento se repitió más veces con otros estudiantes: ganó siempre el que visualizaba. ¿Nos asusta lo que podemos conseguir en nuestros mejores momentos? ¿Por qué no utilizamos sino las técnicas de visualizar? Se practico y visualiza. Funciona, inténtalo con tu próximo partido o cita o reto. Cuanto más cómodo estés mejor, lo mejor para visualizar es la calma. Vale tumbarte o sentarte. Esa paz te revelará los detalles de lo que buscas. Inténtalo diez minutos, cierra los ojos, respira hondo tres veces y piensa en tu meta. No te desmoralices si al principio no sale, los dos primeros minutos no lo verás claro, pero insiste y empezarás a jugar como nadie al golf, a producir más que nadie en tu puesto o a convencer como nadie en esa reunión. Cuando visualices llénate de detalles:

¿Cómo te mueves?

¿Con qué velocidad?

¿Te importan algo tus rivales?

¿Que sientes al actuar?

Notarás una intensa calma en lo que haces que se trasladará a la realidad. Como el cerebro no distingue entre lo imaginado y lo real, si te entrenas mentalmente asumirás cualquier movimiento como reales. Si lo repites mentalmente los movimientos serán fáciles en la realidad. Y cuantas más veces, mejor. Intenta un paso más, intenta hacerlo mejor, intenta ver lo que ves, oyes y sientes. Todo lo que oyes, lo que tocas y lo que piensas, te ayudará. Ante la duda concéntrate en los tres más importantes: ver tus movimientos, sentir la confianza y escuchar lo que quieres oír. Visualizar no sirve sólo para el deporte, sirve para todo lo que quieras conseguir, entre ellos, el eliminar miedos. Es válido para conseguir tener una buena conversación, para hablar en público, para escribir un libro: visualizándote cómo madrugas y escribes cuatro mil palabras al día, para ser más divertido, vale para conducir mejor sin riesgos innecesarios ni alteraciones, vale para planificar como nadie y cumplir tus objetivos… para todo lo que desees para tu futuro. La visualización funciona, yo la practico ya que es mi sistema de representación principal y funcionó al momento. La primera vez que visualice un poco, fue hace unos 20 años, cuando me imaginé saliendo avante de una crisis amorosa y el resultado fue asombroso. Actué tal y como me vi mentalmente. Me bastó un minuto para tener muchísima más confianza y pensar con claridad.


Y tú igual, eres el protagonista de una película en 3D, con todo tipo de detalles. Visualiza ese reto pendiente, visualiza como juegas, como te mueves, como sonríes y como miras a tu oponente. Repite una escena ganadora y todo cambiará. Te servirá también para ganar mucho tiempo y dinero cuando tras visualizar lo hagas bien a la primera. Nadie es mejor que tú. Visualízate disfrutando, arrasando a un competidor o liderando a un grupo de personas. Cuanto más detallado mejor. Visualizando conseguirás una confianza a prueba de bombas, unos movimientos rápidos y una personalidad impactante. Los deportistas, actores o emprendedores que lo han practicado coinciden: cuanto más visualices, mejor. Eres lo que visualizas. Muchos creen que “no tienen tiempo para pensar”, que ellos son personas de acción. Pero no hay mayor acción que visualizar.
Por eso, te daré nueve consejos para que venzas cualquier miedo en cualquier momento. Óptimos para dominar cualquier situación. Puedes utilizar uno o combinarlos, lo que mejor se adapte a ti, y así eliminarás cualquier miedo de raíz.

No temas a nada, salvo a la sensación de miedo

Lo único que tiene que preocuparte, es el sentimiento de miedo, no de lo que lo cause, porque lo que te atenaza es el miedo. Seguro que has oído que no debes temer a nada más que al miedo mismo. Por eso trabaja en ti y conseguirás solucionar cualquier cosa. Algunos están tan paralizados por sus miedos que no se dan cuenta que tienen que trabajar en ellos y en sus sensaciones más que en la situación que tienen que afrontar. No dejan de dar vueltas a esa operación, ese viaje o esa decisión que tienen que tomar, aparece el pensamiento negativo con todas sus fuerzas y se paralizan. Entonces se sabotean a sí mismos y pierden en las situaciones más fáciles porque van con la derrota en la mente. Han perdido el partido antes de empezar. Han perdido en su cabeza y luego pierden en el mundo real. Pero a lo único que tienen que temer es a su reacción, la solución está en ellos mismos. Los que afrontan cómodamente al miedo saben que sentir miedo es natural y que con su respuesta eliminarán cualquier malestar y por consiguiente, la derrota. Que si controlan y aceptan el miedo no se transformará en pánico. Que si lo dejan pasar, le miran y siguen tranquilos, el miedo se irá y ellos estarán en control. Sólo hay que ponerse en esa posición, sólo tienen que elegir. Así que cuando sientas que el miedo empieza, sólo preocúpate por ti y tus sensaciones. Piensa en que si trabajas en ti mismo podrás con todo. Que sólo es a ti mismo y la sensación de miedo lo que tienes que trabajar. Recuérdalo siempre, sólo teme a bloquearte con el miedo. El miedo se pasa y si le dejas pasar sin resistencia, dándolo la bienvenida como a uno más, si lo ves como algo normal, se irá como ha venido y podrás seguir tu camino en paz. Todo el miedo y estrés en tu vida se irá cuando te mires desde una cámara a veinte metros. Mírate desde esa cámara como te gustaría verte, andando, sonriendo y con la confianza de que puedo con todo, con lo que saldrías en tu mejor foto. Tú eres el jefe, mira al miedo en calma y sonríe. Aquí está otra vez, piensa y volverás a dominar todo. Entrénate con los pequeños miedos del día a día, cualquier pequeña preocupación te puede servir. Obsérvate cuando pienses que te has olvidado algo, no has hecho bien un trabajillo o tienes que hablar con un desconocido, ¿que sientes? Un pequeño miedo que podrás eliminar de inmediato en cuanto lo aceptes. Te sentirás bien al momento y verás que sólo se trata de tu reacción. Eso te hará andar cuando otros se paran y disfrutar de la pequeña inyección de adrenalina para tener más energía. El miedo te servirá para ser más confiado y no habrá nada de lo que no seas capaz.

Nada supera a la acción

Nada como ponerte en marcha y actuar. Aunque sean sólo diez segundos. Porque todos tus deseos, conocimientos y experiencia no te servirán de nada si no actúas. Haz algo que te cueste una vez al día, aunque sea sólo un minuto, pero actúa. Soñar está bien, saber más aún mejor, pero si no actúas no alcanzarás nada. Sólo los que actúan consiguen esos sueños. Hay gente sin grandes metas, sin grandes talentos y con una ética más que dudosa que actúa, y luego llega mucho más lejos que el resto de gente con buenas intenciones. Luego decimos que los tontos o los malos tienen suerte y otras tonterías, pero la verdad es que sólo actúan y eso les da todo el poder. Soñar es necesario, pero necesitas igualmente la acción. Soñar es la gasolina y te pone en disposición, pero luego tienes que soltar el freno y moverte. Sueña con tus objetivos y luego lánzate. Tienes que ponerte el mono de trabajo y mancharte. Y eso no es otra cosa que hacer cada día algo que cueste un poco, algo que te acerque a tus objetivos. Y sobre todo ser consciente de que nunca llegará el momento ideal. Tienes que arrancar y tirar para adelante y hacer un poco. Porque un poco cada día ya es mucho. Nunca harás un gran viaje de un tirón. Andar mil kilómetros de una es imposible. Pero cubrir una distancia menor cada día funciona. Y aquí tienes que sentir el pinchazo, si estás cómodo avanzando 5 kilómetros, haz 10 y lo conseguirás en la mitad. En un mes habrás avanzado una distancia que parecía inalcanzable. Probablemente la que otros tardan uno o dos años de su vida. La técnica del pinchazo. Y cuando la domines será tan adictiva que no podrás parar. Hace poco un amigo que quería dejar su trabajo porque tenía una buena idea de negocio se encontró en la clásica situación de parálisis. No sabía cómo empezar su proyecto y se desesperaba. Estaba en ese punto de sentirse mal en su empleo pero al mismo tiempo dudando de si fuera de este trabajo podría seguir. Su confianza bajaba cada día hasta que se decidió por el método del pinchazo. Cada día algo difícil para su proyecto. Un pinchazo atacando su proyecto cuando estaba cansado tras volver de su trabajo, un pinchazo mientras trabajaba en él en las comidas y otro pinchazo planificando una hora al día por madrugar más. Luego otro pinchazo los fines de semana dos horas más. Después pactó otro pinchazo con su empresa para acortar su semana laboral, menos sueldo y más horas para trabajar en su proyecto. Y así cada día un pinchazo avanzando unos cuantos kilómetros. Y pasó que empezó a sentirse muy cómodo con los pinchazos, trabajando en su proyecto en sus ratos libres, lo que antes era un pinchazo ahora una adicción. Era más alegre y tenía más confianza gracias a superar un poco cada día. Luego empezó a hacer nuevos contactos para su proyecto y el cielo se abrió con los consejos de estos últimos. También perdió el miedo a abandonar definitivamente su trabajo porque se dio el pinchazo de vivir con lo ahorrado y sus primeras miniganancias. Todo era mucho más sencillo de lo que pensaba. Sólo tenía que actuar. Pero por si acaso siguió con su pinchazo diario y en menos tiempo del que pensaba empezaron las ganancias. Siguió y siguió y hoy podría trabajar sólo la mitad de la semana con lo que gana, pero le gusta el pinchazo de la superación automática y eso lo ha vuelto imparable. Ya sólo sigue por pura diversión. Ahora tiene el hábito de dos grandes avances diarios a cambio de dos pequeños pinchazos. Se ríe de lo que le daba miedo y los nuevos miedos sabe cómo tratarlos, aceptarlos y dar un paso adelante.

Lo peor que te puede pasar es… que ganarás mucho

El jugador antes de la eliminatoria, el atrevido que se lanza a un proyecto o el que va a hablar en público tienen algo en común: tienen miedo pero lo aceptan. Saben que sólo tienen que dar un paso adelante para que el miedo muera automáticamente. Y saben también que si aparece el miedo es bueno, que están delante de algo grande. Si algo te da miedo vas bien. Si haces algo que temes estas creciendo. De hecho, cuando empieces a lanzarte gracias al método de este libro, buscarás lo que te da miedo porque disfrutarás de la sensación de seguir avanzando. Avanzando rápido. Piensa en que sólo cosas buenas te van a ocurrir cuando superes el miedo. Siempre bueno, nunca malo. Piensa siempre en lo que vas a ganar y en lo bueno que te vas a hacer, en lo que aprenderás y el gran paso que habrás dado. La sensación de avanzar no tiene precio. Mirar atrás y ver lo que has conseguido, tus nuevos conocimientos y saber que puedes es lo mejor. Te cambia la cara y la sonrisa, irradiarás un aura que te abre muchas más puertas. En vez de trabajar tantas horas en pequeñas tareas, prueba a hacer lo que más miedo te de y verás cómo empiezas a ahorrar cientos de horas para un futuro. Una conversación con ese experto, lanzarte a esa idea o ensayar tu nueva habilidad de concentrarte más para producir más en menos tiempo, será lo que propulse tu vida. Que no te de miedo jugar en primera división, así aprenderás rápido. Mejor cola de león que cabeza de ratón. ¿Para qué ser líder de los mediocres si no tienes campo de mejora? Mejor ser el peor de los mejores porque podrás hacerte mil veces mejor. ¿Y qué es lo peor que puede pasarte si compites con los mejores? Nada. Siempre saldrás ganando. Los partidos en los que más se aprende son los que se juegan con los grandes. Ahí ves qué movimientos pulir y que mantener la concentración nunca está de más. Que no te importe ser un entrenamiento, sólo puedes ganar. Esta es la clave: en la peor de las situaciones siempre saldrás ganando. Si pierdes habrás aprendido, y si ganas, que acabarás ganando, tu confianza por las nubes y a por otro nivel. Si te dicen que no tienes nivel para jugar en la liga de campeones tápate los oídos. Si tienes intención de jugar con los grandes, es que sabes que eres lo suficientemente bueno como para ganar. Tú a lo tuyo, mejora tras mejora, cada vez menos defectos. En las entrevistas a los que consiguen algo en los negocios, a medallistas olímpicos y otras personalidades, oirás que se conforman, saben que sólo pueden ganar si se salta al vacío. Si les sigues verás que atravesaron un montón de adversidades que ahora agradecen: les hicieron mejores y mejores. Su decisión de intentar lo imposible fue la clave. El campeón provincial no siguió de cabeza de ratón. Quiso seguir mejorando y
se presentó al campeonato nacional donde era un desconocido. Pero siguió aprendiendo de los mejores hasta ser campeón nacional. Podía haberse quedado dormido en la fama y las palmaditas en la espalda pero se lanzó al nivel internacional donde volvió a ser un desconocido. Pero la cola de león fue su mejor decisión y mejoró aún más tras competir con los grandes. Se puso a su altura y llegó al número uno.

Entiende el miedo en tus reacciones

Los que se hacen los valientes diciendo que no tienen miedo, tienen más miedo que nadie. Y lo peor es que nunca se curarán porque no lo aceptan. Se engañan sólo a sí mismos porque el miedo existe y es igual para todos. La diferencia es cómo se actúa. Puede parecer cuando miras a tu alrededor que nadie tiene miedo de nada, que tú eres el raro por tenerlo. Pero te ayudará saber que no es así. Que la gente teme tanto o más que tú a las nuevas situaciones. Cuando lo ves como una reacción natural todo cambia. La meta no es no tener miedo porque el miedo siempre estará ahí. Es verlo como algo normal, se trata de dar un paso aunque cueste como algo normal. No deseo moverme pero me muevo. Y problema solucionado. Cuando entiendes la reacción de tu mente ante el miedo estarás muy bien preparado. Cuando entiendes que todo el mundo siente miedo lo tienes. De hecho leer sobre el miedo calma y lo desmitifica porque lo aceptas. Y el miedo aceptado huye. No es eso lo que quieres causar. Por eso si le miras a la cara lo rebajarás hasta darle la estocada final cuando te pongas en marcha. No eres peor por sentir miedo. Si te encuentras a gusto contigo mismo a pesar del miedo lo tendrás atado. Todo es controlarte a ti mismo, nunca es controlar los hechos externos ni a los demás como quieren hacer muchos. Se trata de ti, tú eres el que tienes que cambiar. Por eso si trabajas en ti aceptando el miedo tendrás el resto del mundo controlado. Ésta es la esencia del miedo. Esto es lo que lo mata.

Sé realista, prepárate para las recaídas

Muchos cometen el error de empezar muy fuerte con una nueva habilidad. Quieren ser el mejor en un día. Pero ese no es el proceso. (Y es obvio porque sino cualquiera podría ser el mejor tenista, el mejor inversor o el mejor cocinero en un mes.) Si intentas abarcar demasiado puedes fracasar. Hasta los mejores necesitan su tiempo. Estás empezando a dominar el miedo y lo vas a lograr. Es más, lo vas a lograr en muy poco tiempo si haces un poco cada día. Pero se paciente, el aprendizaje se basa en un poco cada vez. Al principio te costará más prepararte para nuevas sensaciones y tendrás que hacer frente a las clásicas recaídas. Pero te levantarás ante cualquier contratiempo si insistes, y saldrás reforzado. Aunque te caigas mil veces, si te levantas mil uno lo conseguirás. No conozco a nadie sin recaídas, forman parte de la mejora y son una gran experiencia. No hay otra manera, caerte y recuperarte de una caída endurecerá tu carácter y te dará una piel muy dura. No es tanto querer avanzar, sino los contratiempos que puedas soportar. Si estás dispuesto a hacer lo necesario por actuar y te levantas siempre vas bien. Enorgullécete de las caídas. Cuando ataque el enemigo interior con sus mil trucos tú serás más tenaz. Cuando te tropieces, te levantarás, te sacudirás y seguirás andando. Nunca dejes hablar a tu enemigo interior, porque si le dejas te dirá lo poco preparado que estás, lo mal que lo has hecho y lo malo de tu ambición excesiva. Te engañará con un

«Eso no es para ti»

«Tienes que volver a ser como antes»

Tonterías, si quieres puedes.

Prémiate

Date premios para vencer el miedo al miedo. Es fácil ser negativo, incluso tras un triunfo. No digas: «Podía haberlo hecho mejor» o «Podía haber ganado por más». No le dejes a tu enemigo interior. La victoria de leer ese libro, trabajar diez minutos más o haberte asomado al balcón a pesar del vértigo hay que celebrarla. Te aseguro que para muchos hubiera sido imposible, así que alégrate, vas bien. Cuando empieces a intentarlo ganarás a tus primeros miedos, pero de manera automática surgirán nuevos retos, entonces cuando falles en algo, el enemigo interior estará ahí como un buitre: “Ya te lo dije, te creías muy fuerte, pero mira… por rizar el rizo”. Pero tú no escucharás y te premiarás acordándote de lo bueno. Y sí, rizarás el rizo y cada vez te pondrás mayores metas, un escalón y luego otro y otro, y seguirás. No se trata de ahora, sino de tus logros, que los tienes. No puedes juzgarte por un error, ni por cómo te sientes en determinado momento. Tienes que juzgarte por lo bueno conseguido. Tus éxitos pasados están ahí para darte fuerza, lo has demostrado. Eso es lo que tienes que mirar. No te distraigas con el ruido del momento. Es la trampa de la actualidad de lo que ahora sientes es lo que eres. Pero es falso, eres lo que has conseguido. Si te caes es porque ya has subido en otras ocasiones. Tu enemigo interno pondrá trabas:

«Eso lo podía haber hecho cualquiera…»

«Era fácil…»

Mentira, eso lo has hecho tú y sólo tú. Siempre que estés ahí fuera avanzando lo notarás. Tendrás muy poca compañía. Por eso debes premiar tus intentos y reforzarte con victorias pasadas. Ya eres bueno por haber llegado dónde estás. Tienes que premiarte mucho. Tienes que celebrar mucho los logros del pasado. Si tienes que “superar” una reunión, recuerda cuando lo hiciste, si quieres terminar algo grande recuerda cuando terminaste aquel proyecto mastodóntico, si quieres ser carismático recuerda cuando fuiste el centro de la fiesta, si quieres ganar acuérdate de tu último combate. “Pude con ello la última vez, está hecho.” Sazona el momento de la acción con tus pasados repasando siempre los obstáculos superados. Antes de empezar y cuando vayas despacio atravesando un camino de baches. Prémiate con triunfos pasados, llévalos contigo. Esto es un viaje y ellos tu maleta. Si te paras en medio del viaje, no has fracasado. Si caes, habrás aprendido aún más y te volverás a levantar. Sólo tienes que tirara de los buenos recuerdos. Mientras los que creías fuerte se caen por el camino pensando sólo en lo malo, tú continuarás. Incluso gente que admirabas se quedará por el camino.

«¡Pero si eran personas increíbles!»

pensarás, pero acto seguido, te darás cuenta que eres más fuerte sólo por seguir.

Busca alguien que te ayude

No hay mejor asesor que alguien que está o ha pasado por donde te gustaría. Te hará sentir increíblemente bien y vuestros cerebros harán clic a la primera. Te inspirarán para conseguir lo que te propones. Busca gente que haya pasado por lo mismo que tú. Aprenderás de ellos cosas que no adquirirás en otro lado. Serán tu atajo perfecto para llegar. Por eso pide ayuda sin pudor. Busca a alguien que haya atravesado tu camino y pregúntale. Estará encantado de ayudarte. Y si no lo tienes a mano lee sus libros o haz sus cursos. Funciona casi igual de bien. Necesitas hablar o releer lo que el inspirador ha dejado cuando tu fuerza baje. Es muy fácil no hacer nada y lamentarse, recuerda, pero en ese momento le necesitas. Pasarás de la desesperación a sentirte a tope. Cuando crees que todo está en tu contra tienes que pararte y buscar la inspiración para que barra a tu enemigo interior. No hay nada peor que lamentarse como si fueras el único que está pasando por ahí. En cuanto ves que otros pasaron por ahí todo cambia. ¿Alguna vez alguien te contó lo que temía y tú le dijiste cómo saliste de aquella? ¿No le cambió la cara automáticamente? Si ves a alguien que ha pasado por lo tuyo con total naturalidad, automáticamente piensas que es pan comido y decenas de miedos, inseguridades y fantasmas desaparecen.

Si otros han podido… ¡¿Por qué tú no?!

Cuando te inspiras, vuelve el control. Y lo más cómodo muchas veces será utilizar la inspiración de los demás. Si la gente a tu alrededor se autocompadece es fácil contagiarte, huye. Pero si alguien da ánimos aférrate a él. Si no tienes un experto a mano, si no tienes sus libros, habla con ese amigo que siempre ve algo positivo, el mismo que te dice lo bien que lo haces. El amigo recarga baterías será entonces tu inspiración. Otra manera de inspirarte será darle la vuelta y ser tú la inspiración, ir donde los que caen y animarles a levantarse. Inspirar a otros te inspirará a ti aún más además de favorecerte de sus avances y seguir aprendiendo otras cosas de ellos. Sus fracasos y logros te harán más fuerte y te contagiarás de su energía.

Comparte tus miedos

Compartir tus miedos te ayudará. Aunque la primera reacción sea guardártelos. Porque cuando compartes un miedo lo debilitas. Al pensar en voz alta ves que no es para tanto y cuando otros te confiesan que les pasa lo mismo viene una inyección de moral, “¡qué alivio!”, ya no eres un bicho raro. Y quien menos te lo esperes te dará la solución con un consejo que dará la vuelta a todo. De una desagradable lucha interior a liberarte. Comparte, sólo con los íntimos, pero comparte. Compartir tus miedos dará la vuelta a muchas situaciones, ¿Lo digo o no lo digo? ¿Me lanzo o no me lanzo? ¿Qué hago con esa idea, me lanzo a por mi plan o no me lanzo? ¿Doy un puñetazo en la mesa y ajusto las tuercas a quien le toque o no? Dudas y más dudas. Y te encierras en ti mismo sin compartir con nadie. ¿Recuerdas lo inútil de preocuparte mientras tus amigos te preguntaban qué pasaba y tú contestabas que nada? Pero no te centres tanto en ti mismo porque compartiendo con los de confianza encontrarás la solución. Inesperadamente alguien conocerá a otro con tu caso (si no la ha vivido el ya) y te contará su experiencia con la situación. Impagable. Ahora ya lo sabes, es así, así y así la solución. Compartir un miedo. Tu entorno y el entorno de tu entorno seguro que ha pasado por algo parecido y puede darte la pista que cambie tu vida. Nunca sabes quién de tus amigos conoce a alguien que ha pasado por lo mismo y te dirá exactamente lo que necesites.

No te pares, sigue

Cuando eliminas miedos aparecen nuevos. Perfecto, señal de que has avanzado. Ahora estás más arriba, con más victorias en tu currículum y en una situación económica o personal que antes ni imaginabas. Pero no te pararás, sobre todo porque ya sabrás como vencer el miedo. Pero según subes aparecen nuevos retos. Las nuevas oportunidades, las que surgen en la cima de la montaña donde quedan pocos escaladores. Las grandes oportunidades al alcance de unos pocos seleccionados que han pasado el corte. Son las grandes inversiones que sólo algunos manejan, conocer a los mejores entre los mejores y otras oportunidades de relaciones y contactos. Y, cómo no, surgirán nuevos miedos que podrás superar con estas técnicas. No te pares a la mitad ¡continúa! El error de vivir de las victorias conseguidas gracias a vencer al miedo, puede dormirte en los laureles para perderte lo mejor que está por llegar. Una vez que subes no te quedes a la mitad del camino porque lo increíble está a tu alcance. Los retos están siempre ahí, recuerda de pequeño cuando venciste un miedo y luego surgió otro. Pero eso es bueno, es señal de otra oportunidad. No busques desesperadamente sentirte bien porque lo que a corto plazo agrada será un arrepentimiento a la larga. Acepta que el miedo entrará en tu vida, que le mirarás, te reirás de él si hace falta y cuando des el primer paso, el más importante, habrás conseguido una meta que de otra manera hubiera sido imposible. Y la práctica te fortalecerá para seguir consiguiendo metas. Más práctica más fortaleza. Nuevos miedos nuevas metas. Perfecto así. Cada vez que haces algo, lo mejoras. Es como los consejos, los lees y dices ¡qué bueno! Pero si lo vives lo internalizas más. Si lo lees cien veces entrará de verdad. Si en cada situación lo aplicas entonces es cuando tiene valor. ¿Si no, por qué tanta gente escucha un consejo para tropezar con la misma piedra una y otra vez? Si repites algo varias veces empezarás a ser muy bueno, y lo mismo combatiendo al miedo día a día, entrenándote con las diferentes escenas diarias. Así te harás un especialista en fortaleza mental. Si practicas incluso con las cosas pequeñas nunca te pillarán con la guardia baja y habrás internalizado el sistema más importante para avanzar. Un paso insignificante es un paso gigantesco. Los pasos insignificantes son fáciles y si juntas unos cuantos en un mes tendrás un avance enorme, y no digamos en un año son un avance enorme.

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