El Miedo: es lo que te estanca ¿Cómo lo eliminas de tu vida? Parte 4

Hola, ¿cómo te va? Hoy continuamos con el tema del enemigo número uno del ser humano. Verás, ya que puedes aceptar el miedo, pregúntate de qué tienes miedo realmente. Porque nada es lo que parece: un miedo a intentar algo puede encubrir el vértigo que da la responsabilidad de tener muchos más ingresos, más decisiones y más poder sobre otros. Si escarbas a conciencia, verás que el miedo al éxito va disfrazado de miedo al fracaso…

A lo mejor estás aplazando una decisión por miedo a tener más en vez de a perder. Sí, puede que suene tonto y sin sentido, pero te cuento que es muy normal porque, si juegas en primera, tendrás rivales de primera. Si tu negocio crece, tendrás mil ojos puestos en ti (y muchos falsos amigos y familiares lambones esperando gozar de un préstamo o que les des trabajo), si eres un buen actor mirarán con lupa tus actuaciones y si escribes buenos libros te enfrentarás a los críticos. Por eso, el miedo no siempre es lo que parece. Demasiadas veces es un miedo al éxito y a la responsabilidad.

¿Qué harás con la presión?

¿Qué pasará si no estás a la altura?

¿No sería más cómodo ganar una tercera parte y olvidar la satisfacción personal?

Para empezar, te pediré que te tranquilices: sólo puedes ganar si lo intentas. Cuando llegues arriba, tendrás vértigo, pero se irá enseguida. Es mucho más satisfactorio aceptar nuevos retos que llegar a estancarte. No hay comparación y una vez arriba, si haces las cosas medianamente bien, podrás mantenerte y si las haces muy bien, ascender en las escala monetaria. Pero esto es algo que no saben muchos. El truco para saber a qué temes realmente es imaginar el peor escenario posible y decir:

“Puedo con ello”

Entonces sabrás lo que realmente temes y nada te frenará. Cuando conoces tu verdadero miedo, diseñarás las mejores estrategias de ataque y actuarás con total seguridad en ti mismo. Imagina siempre el peor escenario. Imagina que tomas esa decisión y tu negocio fracasa…

Puedes con ello.

Imagina que subes a una nueva posición y te ridiculizan.

Puedes con ello.

Imagina que propones tu plan y no están de acuerdo.

Puedes con ello.

Imagina que dejas tu casa y tu ciudad para viajar por el mundo buscando tu estilo de vida ideal y resulta ser un fracaso.

Puedes con ello.

Si eliges una estrategia arriesgada para las próximas semanas, porque crees que dará resultados pero fracasas,

¡Puedes con ello! Siempre puedes con ello.

Sabiendo eso, lo intentarás sin miedo. Y la experiencia que ganarás, no tendrá precio, pase lo que pase. Imaginar el peor escenario desnuda el miedo y te da valor. Si fracasas podrás con ello, pero si ganas…


Con este truco, no dudarás en invertir unas semanas de tu vida en un proyecto que te hará crecer y ganar mucho dinero, arriesgando incluso tu actual trabajo. Si al final el proyecto fracasa, podrás con ello. Además con lo que habrás aprendido estarás en mejor posición. No intentarlo hubiera sido lo peor. Por eso es que un tal Henry Ford decía que

Hazle caso: no sólo nos dejó el modelo de producción en serie u obras de arte como el Mustang, también nos enseñó muchas cosas a través de su filosofía de vida y empresarial. El beneficio que da la experiencia y un aprendizaje de calle supera a cualquier carrera universitaria. Serás más fuerte y más listo sólo por intentarlo. Ante la duda, imagina la peor situación y verás cómo puedes acercarte a tus metas. Si sólo uno de cada diez llamadas que hagas, tendrá éxito, harás diez llamadas. Si sólo uno de cada diez intentos salen, harás diez intentos. Uno será un fracaso, podrás con ello, otro será otro fracaso, podrás igualmente con ello. Pero cuando salga el intento…

Hoy ya no nos acechan los peligros de hace veinte mil años, cuando debimos desarrollar un sistema instintivo para cazar y no morir en el intento. Pero el cerebro sigue buscando terribles peligros a la menor pista de estrés o desconfort. Aprieta el botón de peligro a la mínima y muchos se paralizan. No actuarán nunca y malviven en su zona de comodidad (soy testigo, lo viví muchas veces). Pero el peor de los miedos tiene solución: reconocer el momento de dar un primer paso, tragar saliva y dar el paso decisivo para saltar. Ese momento no dura ni un segundo. No dura nada. Cuando quieres darte cuenta ya está y todo va cuesta abajo. En cuanto te enfrentas al miedo, éste se muere definitivamente. Primero, hay que mirarle a la cara, dejar que entre y ser consciente de que es una sensación normal. Eso facilitará el camino. Hay que decirle que venga las veces que quiera. Que entre y salga a su antojo, pero que igualmente vamos a seguir con nuestro objetivo. Al dejar entrar al miedo y reconocerlo como normal, te fortaleces para el paso decisivo. Cada vez que lo miras a sus rojos y feos ojos, le estás robando poder, cada vez que le dejas entrar y sigues a lo tuyo te haces más fuerte. Y todo cuenta, todo se va acumulando. Nadie podrá quitarte esa fortaleza ganada jamás. Si dejas que la adrenalina recorra por tu cuerpo observándolo como algo normal ya lo tienes. Y luego llega la segunda parte decisiva, el paso hacia adelante, la punzada que no dura más de medio segundo. Reconocerás el momento al instante: la tensión es máxima y puedes huir y arrepentirte toda tu vida… o actuar y ganar. Me consta que tú no huirás y seguirás, que en ese breve microsegundo, golpearás tu mente y dirás:

“Ahora o nunca”.

Será cuando sueltes esa frase decisiva, cuando decidas no rendirte nunca conseguir tu gran plan, cuando te atrevas a mirar a alguien a la cara y decirle la verdad o cuando agarres el toro por los cuernos. El proceso siempre es el mismo: aceptar el miedo y dar un paso. Aceptar el miedo y moverse es el matamiedos por excelencia. Es eso y nada más. Todo lo demás son cuentos y excusas para huir. Si justo en ese momento tienes que aceptar una llamada, marcharte a otro sitio o revisar unos datos te estás engañando a ti mismo y estás huyendo. Así que prueba hoy mismo a hacer algo que te imponga, prueba a hablar más de un minuto con un desconocido y sostener la conversación, prueba a mirar a la cara, prueba a cantar por la calle mientras te oyen. Será un entrenamiento perfecto y servirá para que veas que dura muy poco atravesar la barrera del miedo pero que tu satisfacción es enorme. Si te sacrificas hoy mismo medio segundo para hacer algo difícil ganarás dos ventajas:

  1. Lo que ganarás para el futuro viendo que todo es más fácil de lo que parece
  2. No tendrás que lamentarte por dejar escapar una oportunidad para agrandarte.

Cuando experimentas la brevedad de la punzada rompemiedos, tendrás la llave.

Ahora sí tendrás la vida que buscas. Cuando miras al miedo y atraviesas el dolor notarás un efecto secundario: Que el momento del dolor aparecerá cada vez más tarde porque tendrás cada vez menos miedo. De repente, te verás enfrentándote a cualquier obstáculo con una naturalidad pasmosa, movimientos de los que antes huías serán pan comido. Ahora surgirán otros objetivos que antes ni siquiera te planteabas. Y el pinchazo del primer paso siempre será menor. Cuando ya has atravesado la barrera del miedo, tu nivel de tolerancias se estira. Ya no te tiembla el pulso ante retos que para otros son un mundo. Para ti es algo normal. Tu mente está entrenada para no hacer caso del miedo y te vas a sentir mejor. Te vuelves más calmado y de paso das una imagen de liderazgo que pocos alcanzan. Y entonces el momento de dolor te empieza a gustar. Disfrutarás del crecimiento, disfrutas de los pinchazos y la emoción. Lo vas a necesitar. El estrés, la baja autoestima, la ansiedad o cualquiera de las formas de tu enemigo interior intentarán siempre debilitarte. Pero para ti será al revés porque te servirá para estar en guardia y fortalecerte. Tendrás momentos con las defensas bajas y te atacará, pero tú entonces dirás

“Ajá, es el momento de darme una sacudida para ponerme en forma”

Y en ese momento, mirarás al miedo a la cara, sonreirás y atravesarás la barrera del dolor. Será incluso tu momento de placer, será hacer deporte cuando estés cansado, hablar con alguien aunque no te apetezca o invertir una hora de trabajo concentrado en ese estudio que nadie quiere hacer. Y cuando lo consigas te sentirás en el cielo. El miedo aparecerá ante las decisiones clave

¿Voy a ese viaje o no voy?

¿Se lo digo o no se lo digo?

¿Cambio de trabajo o no cambio?

Aparece también cuando no estés físicamente a tope o estés muy ocupado. Pero ahí te distinguirás del resto, ahí se ven a los que han atravesado la barrera del dolor más veces y no se dejan atacar en los días débiles. Tu seguirás completando grandes proyectos y creciendo aunque tengas sed, tentaciones de irte u otras urgencias engañosas. Habrás aprendido tanto de mirarle al miedo y matarlo de un paso, que tus momentos débiles serán pan comido.

¿Reconoces ya algún momento en que, estando débil, seguiste trabajando en ese asunto decisivo o alzaste la voz cuando los demás no se atrevieron?

Seguro que te dominará una increíble fuerza para seguir...

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