Dolor Vs Placer… ¿de cuál huyes y hacia cuál te inclinas? Parte 6

Hola, sigo con este tema, si bien es extenso, te aseguro que seguirlo valdrá la pena. Te pido un favor: observa la industria de la ropa, concretamente, la de los jeans…

¿Qué son unos jeans, después de todo?

Antiguamente eran pantalones de trabajo: funcionales y muy feos, todo sea dicho…

¿Cómo se venden en la actualidad?

Se han transformado en el símbolo internacional de todo aquello que sea sexy, que esté de moda y que sea juvenil.

¿Has observado alguna vez un anuncio publicitario de alguna marca de jeans? ¿Podrías explicármelo?

No tienen ningún sentido, ¿verdad? Son totalmente confusos. Pero, al final, se obtiene la clara impresión de que cerca de ahí hubo algo de sexo.

¿Acaso este tipo de estrategia logra vender pantalones de tela denim?

¡Pues claro! Y la razón es porque la metacomunicación es 100% inconsciente… El poder de condicionar la configuración de nuestras asociaciones,

¿Se ve limitado a los productos como las gaseosas, los autos o los jeans?

Desde luego que no. Es claro que el uso de la publicidad como una forma de condicionamiento no se limita a los productos físicos. Afortunada o desgraciadamente vemos continuamente cómo se usan la televisión, la radio y la internet como herramientas para cambiar aquello que asociamos con los candidatos en el proceso político, por ejemplo. La fuerza que configura la opinión mundial y los hábitos de compra de los consumidores es la misma fuerza que configura todas nuestras acciones. Depende de ti y de mí el que asumamos el control de esa fuerza y decidamos nuestras propias acciones de modo consciente, porque si no somos capaces de dirigir nuestros propios pensamientos, caeremos bajo la influencia de aquellos que nos condicionarán para que nos comportemos tal y como ellos desean que lo hagamos. En ocasiones, esas acciones son, de todos modos, las que nosotros mismos habríamos seleccionado; pero en otras ocasiones no lo son. Los expertos publicitarios saben cómo cambiar aquello que vinculamos al dolor y al placer, cambiando las sensaciones que asociamos con sus productos. Si queremos tener el control sobre nuestras vidas, tenemos que «anunciarnos» en nuestras propias mentes, algo que podemos hacer en un momento. ¿Cómo? Sencillamente: vinculando el sufrimiento con aquellos comportamientos a los que queremos poner fin y haciéndolo a un nivel de intensidad emocional tan elevado que ni siquiera consideremos la posibilidad de seguir otro comportamiento distinto.

¿Acaso no hay cosas que tú no ha hecho ni harías nunca?

Si vinculas esos mismos sentimientos y sensaciones con los comportamientos que quieres evitar, jamás volverás a practicarlos. Entonces, sencillamente, vincula el placer al nuevo comportamiento que deseas para ti mismo. Luego, mediante la repetición y la intensidad emocional puedes condicionar estos comportamientos en ti mismo, hasta que sean automáticos. Así pues, ¿cuál es el primer paso para crear un cambio? El primer paso consiste, simplemente, en ser consciente del poder que ejercen ese sufrimiento y ese placer sobre cada una de nuestras decisiones y en consecuencia, sobre cada una de nuestras acciones. El arte de ser consciente consiste en comprender que esos vínculos se están produciendo de forma constante, entre ideas, palabras, imágenes, sonidos y las sensaciones de dolor y placer. Por ello, el creador del género literario conocido como «ensayo», un francés que se llamaba Michel de Montaigne, decía:

«Concibo que hay que evitar los placeres si la consecuencia de ellos son mayores dolores y codiciar aquellos dolores que terminen por convertirse en grandes placeres»

El problema consiste en que a la hora de tomar una decisión acerca de qué hacer para crear dolor o placer la mayoría de nosotros se basa en el corto plazo, en lugar de en el largo plazo. Pero, para tener éxito, la mayoría de las cosas que valoramos nos exige ser capaces de atravesar el muro del dolor a corto plazo para poder alcanzar el placer a largo plazo. Debes dejar de lado los momentos de terror y de tentación que pasan y enfocar la atención sobre lo que es más importante a la larga: tus propios valores y criterios personales. Recuerda también que aquello que nos impulsa no es el verdadero sufrimiento, sino el temor de que algo nos conduzca hacia él. Como tampoco es el verdadero placer lo que nos impulsa, sino nuestra creencia (nuestro sentido de la certidumbre) de que, de algún modo, emprender una determinada acción nos conducirá hasta el placer. No nos vemos impulsados por la realidad, sino por nuestra percepción de la realidad. La mayoría de la gente enfoca la atención sobre cómo evitar el dolor y obtener el placer a corto plazo y con ello se crea dolor a largo plazo para sí misma. Veamos un ejemplo: Digamos que alguien quiere perder unos pocos kilos extra (sé que esto no te ha sucedido a ti, pero imaginémoslo de todos modos). Por un lado, esa persona dispone de toda una serie de razones excelentes para perder peso: se sentirá más sana y con mayor energía, la ropa le sentará mucho mejor y se sentirá más segura de sí misma en sus relaciones con el sexo opuesto. Por otro lado, sin embargo, también hay otras tantas razones para evitar perder peso: habrá que seguir una dieta, experimentará una continua sensación de hambre, tendrá que negar su avidez por comer alimentos que engordan y además, ¿por qué no esperar hasta las vacaciones? Si se contraponen las razones de este modo, la mayoría de la gente preferirá seguir la pauta de aplazar las cosas: el placer potencial de tener una figura más delgada se ve superado por el dolor a corto plazo que causará la privación producida por la dieta. A corto plazo, evitamos el dolor de sentir hambre y en lugar de eso nos concedemos el placer del bocado inmediato que pueden representar unas pocas patatas fritas pero eso no dura mucho…

A largo plazo, nos sentimos cada vez peor con respecto a nosotros mismos, por no mencionar el hecho de que eso sigue deteriorando nuestra salud. Recuerda que cualquier cosa que desees y sea valiosa exige pasar por algún sufrimiento a corto plazo con objeto de obtener placer a la larga. Si quieres poseer un cuerpo estupendo, tienes que esculpirlo, lo que exige pasar por sufrimiento a corto plazo. Una vez que se ha hecho algo un número suficiente de veces, el trabajo resulta incluso agradable. Lo mismo sucede con la dieta. Cualquier tipo de disciplina exige atravesar por un período de sufrimiento, tanto si se trata de la disciplina en los negocios, como en las relaciones, la confianza personal, la delgadez o las finanzas.

¿Cómo puede pasarse por la incomodidad y crear el impulso para lograr realmente tus objetivos?

Empieza por tomar la decisión de superarlo: siempre podemos decidir superar el dolor en ese momento, pero es mucho mejor hacerlo mediante un proceso de condicionamiento de nosotros mismos. Por eso, un filósofo, economista, pensador y escritor inglés, padre del utilitarismo que se llamaba Jeremy Bentham, decía:


«La naturaleza ha situado a la Humanidad bajo el gobierno de 2 maestros soberanos, el dolor y el placer, que nos gobiernan en todo aquello que hacemos, en todo lo que decimos y pensamos; cualquier esfuerzo que hagamos por liberarnos de nuestro sometimiento no hará sino demostrarlo y confirmarlo»

Dime algo:

¿Por qué la gente persiste en una relación insatisfactoria y no está dispuesta a trabajar para encontrar soluciones o a darla por terminada y seguir su camino?

Porque sabe que el cambio conduce hacia lo desconocido y la mayoría de la gente cree que lo desconocido será mucho más doloroso de lo que ya está experimentando. Es como lo que dicen los viejos proverbios:

«Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer»

o

«Más vale pájaro en mano que 100 volando»

Estas creencias esenciales nos impiden emprender acciones capaces de cambiar nuestras vidas. Si queremos mantener unas relaciones íntimas, tenemos que superar nuestros miedos al rechazo y la vulnerabilidad. Si tenemos la intención de emprender un negocio tenemos que estar dispuestos a superar nuestro temor a perder seguridad. De hecho, la mayoría de las cosas que consideramos valiosas en nuestras vidas nos exige ir en contra de los condicionamientos básicos de nuestros sistemas nerviosos. Tenemos que controlar nuestros temores arrollando esa serie precondicionada de respuestas y en muchos casos, tenemos que transformar ese temor en poder. En muchas ocasiones el temor al que permitimos que nos controle nunca se convierte en realidad. La gente puede vincular el temor a, por ejemplo, volar en avión, a pesar de que no haya ninguna razón lógica para esa fobia (situación que la PNL quita en 2 sesiones, máximo). Están respondiendo a una experiencia dolorosa en el pasado o incluso a un futuro imaginado. Puede que hayan leído en los periódicos noticias sobre accidentes aéreos y por eso evitan viajar en avión; con ello, están permitiendo que ese temor les controle. Tenemos que asegurarnos de vivir nuestras vidas en el presente y de responder a las cosas que sean reales y no a los temores de lo que fue o de lo que podría ser algún día. La clave consiste en recordar que no nos alejamos del dolor real, sino que nos alejamos de lo que creemos nos conducirá hacia él…

Espera la próxima entrada, gracias por leerme y te mando Ananda 😉

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