Dolor Vs Placer… ¿de cuál huyes y hacia cuál te inclinas? Parte 5

Hola, siguiendo con la serie de posts, es evidente que es mi deber resaltar que, aquello a lo que tú vinculas el dolor y el placer, es lo que configura tu destino. Al revisar tu propia vida,

¿recuerdas alguna experiencia que formara tus neuroasociaciones y pusiera así en marcha la cadena de causas y efectos que te han llevado hasta donde te encuentras en la actualidad?

¿Qué significado adscribes a las cosas?

Si eres soltero, ¿contemplas el matrimonio con ansia, como una alegre aventura con el compañero/a de tu vida, o lo temes acaso como si fuera una pesada bola que te sujeta con una cadena? Cuando te sientes esta noche a cenar, ¿consumirás los alimentos de una forma práctica, como una oportunidad de aportar nuevas energías a tu cuerpo, o los devorarás como tu única fuente de placer? Philip Dormer Stanhope, IV Conde de Chesterfield, fue un estadista británico y hombre de letras, famoso por las Cartas a su hijo, recopilación de la correspondencia que mantuvo con su hijo natural. Él dijo alguna vez:

«Tanto los hombres como las mujeres se dejan dirigir con mayor frecuencia por sus corazones que por sus entendimientos»

Aunque nos gustaría negarlo, lo cierto es que nuestro comportamiento es impulsado por reacciones instintivas al dolor y al placer, no por los cálculos del intelecto. Desde una perspectiva intelectual, podemos estar convencidos de que, por ejemplo, comer chocolate es malo para nosotros, a pesar de lo cual seguimos comiéndolo.

¿Por qué?

Porque no nos sentimos impulsados tanto por aquello que sabemos intelectualmente, sino más bien por aquello a lo que hemos aprendido a vincular el placer y el dolor en nuestros sistemas nerviosos. Son las neuroasociaciones (las asociaciones que hemos establecido en nuestros sistemas nerviosos) las que determinan lo que haremos. Aunque nos gustaría creer que es nuestro intelecto lo que nos impulsa realmente, en la mayoría de los casos son nuestras emociones (las sensaciones que vinculamos a nuestros pensamientos) las qué nos impulsan. Muchas veces intentamos arrollar el sistema. Durante un tiempo, nos mantenemos fieles a una dieta; finalmente, hemos cruzado la línea porque sentimos mucho dolor.

Habremos resuelto el problema en ese momento pero si no hemos eliminado la causa del problema, éste volverá a surgir. En último término (y para lograr un cambio duradero), debemos vincular el dolor con nuestro antiguo comportamiento y el placer con el nuevo comportamiento y condicionarlo de ese modo hasta que sea consistente. Recuerda que todos nosotros estamos dispuestos a hacer más por evitar el dolor que por obtener placer. Seguir una dieta y arrollar nuestro sufrimiento a corto plazo mediante la pura fuerza de voluntad nunca dura porque seguimos vinculando éste al hecho de abandonar las comidas que engordan. Para que ese cambio sea duradero tenemos que vincular el sufrimiento con el hecho de tomar esos alimentos para que ya ni siquiera deseemos hacerlo y vincular el placer al hecho de alimentarnos de una forma nutritiva. La gente delgada y saludable está convencida de que nada sabe mejor que seguir delgado y le encantan los alimentos que le nutren. De hecho, suelen vincular placer al hecho de apartar el plato en el que todavía queda comida. Eso simboliza para ellos el hallarse en posesión del control sobre sus vidas. La verdad es que podemos aprender a condicionar nuestras mentes, cuerpos y emociones para vincular dolor o placer a aquello que elijamos. Al cambiar lo que vinculamos al dolor y al placer también cambiamos instantáneamente nuestros comportamientos. Tomemos el tabaco, por ejemplo: todo lo que tienes que hacer consiste en vincular el dolor con el fumar y el placer suficiente con dejar el tabaco. Tienes capacidad para hacerlo ahora mismo pero es posible que no quieras ejercer esa capacidad por qué has entrenado tu cuerpo para vincular el placer con el fumar o porque temes que dejar de fumar te resulte demasiado doloroso. Sin embargo, si conoces a alguien que haya dejado de fumar descubrirás que este comportamiento ha cambiado en un solo día: el día en que cambió realmente lo que el tabaco significaba para esa persona.

SI NO TIENES UN PLAN PARA TU VIDA, ¿ALGUIEN MÁS LO TIENE?

Los publicistas comprenden con toda claridad que lo que nos impulsa no es tanto el intelecto como las sensaciones que vinculamos con los productos de los que ellos hacen propaganda. En consecuencia, se han convertido en expertos en el aprendizaje de cómo usar músicas excitantes o suaves, imágenes rápidas o elegantes, colores brillantes o tenues y una gran variedad de otros elementos para situarnos en ciertos estados emocionales; entonces, cuando nuestras emociones se hallan en su punto más alto, cuando las sensaciones son más intensas, nos proyectan continuamente una imagen de su producto, hasta que lo vinculamos con las sensaciones deseadas. Por ejemplo, Pepsi empleó esta estrategia de una forma muy brillante para apoderarse de una mayor parte del lucrativo mercado de las gaseosas, arrebatándoselo a su gran competidora, Coca Cola, en la década de los 80’s: observó el éxito de un tal Michael Jackson, un hombre joven que se había pasado toda su vida aprendiendo cómo elevar las emociones de la gente por la forma en que usaba su voz, su cuerpo, su rostro y sus gestos. Michael cantaba y bailaba de una forma que estimulaba a gran número de personas a sentirse increíblemente bien, tanto, que a menudo adquirían uno de sus álbumes para recrear esas mismas sensaciones. Pepsi se preguntó:

¿cómo podemos transferir esas sensaciones a nuestro producto?

Su razonamiento fue que si la gente asociaba las mismas sensaciones agradables con Pepsi, tal y como hacía con Michael Jackson, compraría Pepsi del mismo modo que compraba los álbumes del cantante.

El proceso de sujetar nuevas sensaciones a un producto o idea determinados es la transferencia integral necesaria para el condicionamiento básico. Pero, por el momento, considera lo siguiente: en cualquier momento en que nos hallemos en un estado emocional intenso, cuando experimentemos fuertes sensaciones de dolor o de placer cualquier cosa singular que suceda de forma consistente quedará vinculada neurológicamente. En consecuencia, cada vez que esa misma cosa singular suceda en el futuro, recuperaremos el mismo estado emocional. Probablemente, habrás oído hablar de Ivan Pavlov, un científico ruso que, a finales del siglo XIX, llevó a cabo experimentos de respuesta condicionada. Su experimento más famoso fue uno en el que hacía sonar una campana al mismo tiempo que ofrecía comida a un perro, estimulando así la salivación del animal y emparejando las sensaciones del perro con el sonido de la campana. Después de haber repetido el condicionamiento durante un número suficiente de veces, Pavlov descubrió que el simple hecho de hacer sonar la campana provocaba la salivación del perro, incluso cuando no le ofrecía alimento alguno.

Seguramente la pregunta que te harás es…

¿Qué tiene que ver Pavlov con Pepsi?

Pepsi utilizó a Michael Jackson para situarnos en un alto estado emocional. Entonces, en ese preciso momento, proyectó su producto. La continua repetición de este anuncio estableció un vínculo emocional para millones de seguidores de Jackson. La verdad es que Michael Jackson ni siquiera bebía Pepsi y tampoco quiso sostener una lata vacía delante de una cámara. Podrías preguntarte:

«¿Contratan a un tipo para que los represente, le pagaron 15 millones de dólares y él ni siquiera sostiene su producto y le dice a todo el mundo que no lo hará. ¿Qué clase de portavoz es éste?»

En realidad, fue una idea brillante. Las ventas se dispararon de inmediato y aumentaron tanto que la compañía de calzado deportivo L.A. Gear, fundada por el judío Robert Greenberg, contrató a Michael por 20 millones de dólares.

Era una persona capaz de cambiar la forma en que siente la gente (lo que Tony Robbins llama un «inductor de estados») y por eso, en 1991, él y la Sony/CBS firmaron un contrato de grabación por 10 años: se dice que se pagaron más de mil millones de dólares. Su habilidad para cambiar los estados emocionales de la gente lo habían convertido en alguien inapreciable. Debemos darnos cuenta de que todo esto se basa en la vinculación de sensaciones agradables con comportamientos específicos. Se trata de la idea de que, si usamos el producto, viviremos nuestras fantasías. Se nos ha enseñado que si manejamos un BMW somos extraordinarios, con un gusto excepcional. Si conducimos un Hyundai, somos inteligentes y frugales. Si es Ford, se experimentará excitación. Si es un Toyota, ¡qué sensaciones! Se nos ha enseñado que, si nos ponemos colonia Obsession no tardaremos en hallarnos al borde de una orgía andrógina. Si tomamos Pepsi seremos capaces de tocar la batería como MC Hammer y si quieres ser una «buena» madre, alimentas a tus hijos con compotas Bledine o Nestlé. Los expertos en publicidad han observado que, si son capaces de generar suficiente placer, los consumidores se muestran a menudo dispuestos a pasar por alto el temor al sufrimiento. Uno de los lemas de la publicidad es que «el sexo vende» y no cabe la menor duda de que esa tarea la cumplen muy bien las agradables asociaciones creadas por los anuncios impresos y televisados en los que se utiliza el sexo…

Gracias por leer este post, continuaremos este apasionante tema, por supuesto. Ananda para ti y los tuyos 😉

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