Dolor Vs Placer… ¿de cuál huyes y hacia cuál te inclinas? Parte 4

Hola, siguiendo con el tema, referente a los artistas que mencioné, ellos pagaron el precio definitivo por no haber sabido dirigir sus propias mentes y emociones. Piensa en el ejemplo que fueron para millones de seguidores. Por ejemplo, Tony Robbins nos cuenta que nunca aprendió a consumir drogas o alcohol. ¿Se debe acaso a que es una persona tan brillante? No, eso se debe a que fue muy afortunado: una de las razones por las que nunca bebió alcohol es porque, de niño, había en su familia un par de personas que actuaban de una forma tan ridícula cuando estaban bebidas que asoció un extremo dolor al hecho de beber cualquier clase de alcohol. Dice que guardó en su memoria el recuerdo de la madre de uno de sus mejores amigos. Era muy gorda (pesaba cerca de 150 kilos) y bebía constantemente. Cada vez que lo hacía, quería abrazarlo y lo babeaba. Incluso, hoy en día, el olor a alcohol del aliento de cualquier persona le produce náuseas.

La cerveza, sin embargo, fue otra historia. Cuando tenía unos 11 o 12 años, él no consideraba que la cerveza fuera una bebida alcohólica. Después de todo, su padre bebía cerveza y no adoptaba actitudes tan ridículas o nauseabundas. De hecho, parecía mostrarse un poco más alegre cuando bebía unas pocas cervezas. Además, vinculó el placer a beber cerveza porque deseaba ser como su padre. El hecho de beber cerveza, ¿lo haría ser realmente como su padre? No, pero con frecuencia creamos asociaciones falsas en nuestros sistemas nerviosos (neuroasociaciones) en cuanto a qué creará dolor o placer en nuestras vidas. Nos dice, que un día le pidió a su madre que me diera una cerveza y empezaron a discutir, tratando de convencerle de que eso no era bueno para él, pero eso no iba a funcionar, porque su mente ya se había decidido tras observar que el comportamiento de su padre contradecía lo que ella le decía. No creemos en lo que escuchamos; estamos convencidos de que nuestras percepciones son exactas y ese día, él estaba plenamente convencido de que beber una cerveza constituía el siguiente paso en su maduración personal. Al final, la madre se dio cuenta de que, probablemente, iría a beberla a cualquier otra parte si no le proporcionaba una experiencia que no olvidaría jamás. Debió de haber sabido, en algún nivel de su mente, que tenía que cambiar lo que yo había asociado con la cerveza. Así que me dijo:

—Muy bien, ¿quieres beber una cerveza, como hace papá? Entonces, vas a beberla exactamente como tu padre.
—¿Y qué significa eso?—, le preguntó.
—Pues que vas a tener que beberte 6 botellas enteras—, le contestó.
—Eso no es ningún problema—, dijo él.
—Y vas a tener que bebértelas aquí mismo y ahora—, añadió ella.

Cuando tomó el primer sorbo, me pareció nauseabundo; no se parecía a nada de lo que había esperado. Claro que me cuidé mucho de admitirlo así porque, después de todo, se hallaba en juego mi orgullo. Así que tomé unos cuantos tragos más. Una vez terminada la primera botella, dije:

—Ahora estoy realmente lleno, mamá.
—Oh, nada de eso. Aquí tienes otra—, le dijo ella, abriéndola.

Después de la tercera o cuarta botella empezó a sentirse mal del estómago. Me imagino que ya te imaginarás lo que sucedió a continuación: vomitó todo sobre la mesa de la cocina. Fue realmente nauseabundo y también lo fue el tener que limpiarlo todo. Inmediatamente vinculó el olor de la cerveza con el vómito y con unas sensaciones horribles. Ya no tuvo ninguna asociación intelectual con lo que significa beber cerveza. Ahora había establecido una asociación emocional en mi sistema nervioso, una neuroasociación tan fuerte, que eso guiaría claramente sus decisiones futuras. Como consecuencia de ello, jamás ha vuelto a probar un trago de cerveza.

Nuestras vinculaciones de sufrimiento y placer,

¿pueden producir un efecto secuencial en nuestras vidas?

Claro que sí. Una neuroasociación negativa (como la que él vinculó con la cerveza) también afecta a muchas de tus decisiones en la vida. Influye sobre con qué personas te relacionas en la escuela. Determinó la forma que aprendes para obtener placer. Para ello, no utilices el alcohol, sino el aprendizaje, la risa, el deporte. También aprendes que se siente de forma increíble ayudar a otras personas. Y lo mismo, con las drogas de cualquier tipo. Un emperador romano, un tal Marco Aurelio, decía:

«Si te sientes angustiado por cualquier cosa externa, el dolor no se debe a la
cosa en sí, sino a tu propia estimación sobre ella; así pues, tienes el poder de
eliminarlo en cualquier momento»

Por designio divino, somos los únicos seres sobre el planeta que llevamos una vida interna tan rica que lo más importante para nosotros no son los acontecimientos en sí, sino cómo los interpretamos; eso es lo que determina cómo pensamos acerca de nosotros mismos y cómo actuaremos en el futuro. Una de las cosas que nos hacen ser tan especiales es nuestra maravillosa habilidad para adaptarnos, para transformar y manipular los objetos o las ideas y producir algo más agradable o útil y entre nuestros talentos de adaptación, uno de los más destacados es nuestra habilidad para tomar la experiencia bruta de nuestras vidas, relacionarla con otras experiencias y crear a partir de ello un tapiz caleidoscópico de significados diferente al de cualquier otra persona en el mundo. Sólo los seres humanos pueden cambiar, por ejemplo, sus asociaciones, de tal modo que el dolor físico se transforme en placer y viceversa. Pensemos, por ejemplo, en una persona que sigue una huelga de hambre y se halla encerrada en una cárcel. Alimentándose exclusivamente de una causa, es capaz de sobrevivir 30 días sin alimentos. El dolor físico que experimenta es considerable, pero se ve superado por el placer y la validez de estar atrayendo la atención del mundo hacia su causa. A un nivel más personal y cotidiano, los individuos que siguen unos regímenes físicos intensos para esculpir sus cuerpos han aprendido a vincular unas tremendas sensaciones de placer con el dolor del ejercicio físico in-tenso. Han transformado la incomodidad de la disciplina en la satisfacción del crecimiento personal. Y ésa es la razón por la que su comportamiento es consistente, ¡Y también lo son sus resultados! Gracias al poder de nuestras voluntades, podemos sopesar algo como el dolor físico de la huelga de hambre frente al dolor psíquico de rendir nuestros ideales. Podemos crear significados más elevados; podemos salir de la «jaula de Skinner» y tomar el control. Pero si no logramos dirigir nuestras propias asociaciones con el dolor y el placer no estaremos viviendo mejor que los animales o las máquinas, reaccionaremos continuamente según las circunstancias de nuestro entorno y permitiremos que todo aquello que nos suceda determine la dirección y la calidad de nuestras vidas. Volveremos a estar dentro de la jaula. Es como si fuéramos una computadora pública, de fácil acceso para un montón de programadores aficionados.

Nuestro comportamiento, tanto consciente como inconsciente, se ha visto equipado con el sufrimiento y el placer procedentes de numerosas fuentes: los compañeros de la niñez, las madres, los padres, los maestros, los entrenadores, los héroes de las películas y las series de televisión; la lista es interminable. Se puede o no saber cuándo se inició con exactitud esa programación y ese condicionamiento. Pudo haberse tratado de algo que dijo alguien, de un incidente en la escuela, de una entrega de premios deportivos, de un momento embarazoso, de un sobresaliente en la escuela o de haber suspendido el curso. Todas esas cosas contribuyeron a configurar lo que eres hoy…

Gracias por leer este post, Ananda para ti y los tuyos 😉

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