Dolor Vs Placer… ¿de cuál huyes y hacia cuál te inclinas? Parte 2

Hola, siguiendo con el tema del post anterior, según él:

El secreto del éxito consiste en aprender a usar el sufrimiento y el placer, en lugar de permitir que éstos le utilicen a uno. Si lo haces así, ejercerás el control sobre tu propia vida. Si no, la vida te controlará a ti

En las discusiones acerca de estos 2 poderes gemelos que nos impulsan aparece a menudo una pregunta interesante:

¿Por qué la gente puede experimentar sufrimiento y sin embargo, negarse a cambiar?

Por lo general, hay dos razones:

  1. Todavía no ha experimentado el dolor suficiente, porque no ha llegado todavía a lo que Tony Robbins denomina «el umbral emocional»
  2. Tiene una herida de la infancia sin curar y su inconsciente refuerza el bucle con conductas y creencias

Si te has encontrado alguna vez en una relación tóxica y has tomado finalmente la decisión de usar tu poder personal, de emprender la acción y cambiar tu vida, probablemente lo has hecho porque alcanzaste un nivel de sufrimiento que no estabas dispuesto a seguir soportando o mejor, curaste a ese niño herido con la ayuda de un profesional, ya sea psicólogo o Coach como yo. Todos nosotros experimentamos en nuestras vidas esas ocasiones en que decimos:

Se acabó, esto debe cambiar ahora

Ése es precisamente el momento mágico en el que, por una parte, el sufrimiento se convierte en nuestro aliado y nos impulsa a emprender una nueva acción, a producir nuevos resultados. Ello nos motiva a buscar ayuda. Nos sentimos más poderosamente impulsados a actuar si en ese mismo momento empezamos a anticipar cómo el cambio creará también un mayor placer para nuestras vidas. Este proceso no queda limitado a las relaciones. Quizás hayas experimentado este umbral en cuanto a tu condición física: terminaste por sentirte harto debido a que no te llaman «gordo» (y más ahora con la relevancia de redes que se enfocan tanto en el cuerpo como Instagram o Tik Tok, en las cuáles la superficialidad alcanza cotas extraordinarias: una «modelo» con una silueta espectacular (casi siempre son filtros o silicona) tiene millones de seguidores mientras que alguien que aporta a la comunidad algo útil rara ve pasa los 200 mil), no pudiste ponerte un pantalón o te cansabas al subir un tramo de escalera. Finalmente, dijiste: “¡Ya está bien!” y tomaste una decisión, por ejemplo, meterte a un gimnasio.

(Por cierto, si ese es tu caso, haz sentadillas: es de los mejores ejercicios que existen). Dime algo: ¿Qué motivó esa decisión? El deseo de eliminar el sufrimiento de tu vida y restablecer el placer: el placer del orgullo, de la comodidad, de la autoestima, de vivir la vida tal y como la has diseñado tú mismo. Claro que hay muchos niveles de sufrimiento y placer. Por ejemplo, experimentar una sensación de humillación es una forma bastante intensa de dolor emocional. Una sensación de inconveniencia también lo produce. Lo mismo sucede con el aburrimiento. Evidentemente, algunas de esas sensaciones tienen menos intensidad, pero siguen representando un factor en la ecuación de la toma de decisiones. Del mismo modo, el placer también dice lo suyo en este proceso. Buena parte de nuestros impulsos en la vida procede de haber anticipado que nuestras acciones nos conducirán hacia un futuro más prometedor, de que el trabajo de hoy habrá valido la pena mañana, de que las recompensas del placer están cercanas. No obstante, también hay numerosos niveles de placer. Por ejemplo, el placer del éxtasis puedes verse superado por el placer de la comodidad, a pesar de que la mayoría estemos de acuerdo en que el primero pueda ser más intenso. Todo depende de los intereses del individuo. Por ejemplo, digamos que interrumpes tu trabajo para almorzar y caminas por un parque donde se está interpretando una sinfonía de Beethoven. ¿Te detendrás para escuchar? Eso depende, en primer lugar, del significado que asocies a la música clásica. Algunas personas serían capaces de dejarlo todo con tal de escuchar las enérgicas notas de la sinfonía Heroica; para ellas, la música de Beethoven equivale a un placer puro.

Para otras, sin embargo, escuchar cualquier clase de música clásica puede ser tan poco emocionante como observar cómo se seca la pintura. Soportar la música sería equivalente a una medida de sufrimiento, por lo que se apresurarían a cruzar el parque y regresar al trabajo. Quizás el sufrimiento asociado a llegar tarde al trabajo supera el placer que obtendrían de escuchar las melodías familiares. O quizás están convencidas de que disfrutar de la música en plena jornada laboral no es más que despilfarrar un tiempo precioso y el dolor de hacer algo que consideran frívolo e inapropiado es mayor que el placer que podría aportarles la música. Nuestras vidas se ven cada día llenas de esta clase de negociaciones psíquicas. Nos hallamos sopesando constantemente nuestras acciones propuestas y el impacto que ejercerán sobre nosotros…

Espera la próxima entrada, Ananda para ti y los tuyos 😉

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