Creer en ti mismo: es fácil si sabes cómo hacerlo. Parte 5

Hola que tal, ¿cómo estás? Continuamos con este serie de post y, en ese sentido, cabe resaltar que la gente que continuamente pregunta «¿por qué?» está abandonando el terreno de juego y posee una baja autoestima. El cómo lo hace puede volverte loco porque hay miles de millones de respuestas, cada una de las cuales producirá más y más ilusiones. Desde la infancia a la adolescencia y la veintena, el preguntar «¿por qué?» se convierte en un mecanismo defectuoso originado en tus años de formación y desemboca en un hábito muy peligroso. Por ejemplo, puedes regresar a los recuerdos de tu más tierna infancia:

¿Recuerdas haber visto algo en un escaparate y haberlo pedido, como por ejemplo, unos dulces?

Quizá, tus padres respondieron que NO, ya que pronto sería hora de cenar. Es muy probable, que tú replicases:

«¿Pero por qué?».

Por muy lógicos que sean los razonamientos de los padres con sus niños, a éstos nunca les parece que lo sean, ya que sus sentimientos de deseo superan a todas las respuestas, excepto la que el niño quiere escuchar.

Así que crecemos sin tener una respuesta satisfactoria a nuestros «por qué», algo que continúa cuando atravesamos la pubertad y comenzamos a ponderar la idea de la muerte. Luego, te haces adulto y empiezas a trabajar. Tus jefes y compañeros hacen todo tipo de cosas para hacerte la vida difícil y, de nuevo, te preguntas:

  1. ¿Por qué Juan es tan vago?
  2. ¿Por qué mi jefe no me tiene en cuenta?
  3. ¿Por qué tengo que asistir a esta aburrida reunión todas las semanas?
  4. ¿Por qué parece que no puedo conectar con estas personas?
  5. ¿Por qué mi jefe me ve de ese modo?

y un largo etcétera… Aún no has aprendido que esta pregunta rara vez produce una respuesta satisfactoria. La pregunta «¿por qué?», independientemente de la manera en que se realice, siempre se vuelve contra ti y te hace sentir inadecuado de alguna manera, con lo que no se rompe la espiral que va descendiendo, de la baja autoestima. Preguntar por qué provoca sensación de ser inadecuado, ya que las personas con baja autoestima se preguntan a sí mismas «por qué» a menudo. Pueden dirigir las preguntas:

  1. Hacia dentro, como: «¿Por qué no tengo ninguna seguridad?».
  2. Hacia fuera, en forma de culpar a los demás, generalmente asociadas a un sentimiento de rabia, como: «¿Por qué no me escuchan?».

Se dirija hacia quien se dirija, siempre se vuelve contra ti y te hace sentir inadecuado de alguna manera, con lo que no se rompe la espiral descendente de la baja autoestima. Asimismo, el preguntar «¿por qué?» es ilusorio: un problema más fundamental asociado a preguntar «¿por qué?» es que asume que la afirmación que hace es realmente válida o real. Así que, si dices «¿Por qué mi jefe no me toma en cuenta?», asumes que no te toma en cuenta y esto puede ser una ilusión falsa. Una vez que preguntas «¿por qué?», empiezas a construir la ilusión que has elegido creer, así que mejor, cambia la pregunta.

Recuerda: la pregunta «por qué» implica algo que llamo «una porque…ría de respuesta»

Por ejemplo: si le pregunto a alguien ¿»Por qué fuma»? ese alguien me puede decir «porque se me da la gana, entrometido». Siempre que te encuentres ante una situación insatisfactoria (o ante un sentimiento incómodo) y te preguntes «¿por qué?» muérdete la lengua y reconstruye una pregunta tipo «¿qué?» o «¿cómo?». Estas preguntas te ayudarán a enfocarte en acciones reales y observables y a redirigirte lejos de tu ilusión negativa. Por ejemplo, cambia «¿Por qué no tengo seguridad?» (una ilusión negativa, que sólo busca justificación para cómo te sientes y cualquier respuesta servirá) por «¿Cómo voy a reforzar mi seguridad?» (construyendo una ilusión positiva, animándote a explorar un modo de ser más seguro). Verás, la seguridad y la autoestima están íntimamente ligadas. Recuerda que el autojuicio es una forma segura de autosabotearte…

Esto también implica que, si consideras que tienes baja autoestima, las técnicas empleadas para reforzar la seguridad también te ayudarán a reforzar la autoestima. Por ello te propondré un ejercicio: ser consciente y actuar. A partir de la conciencia de ti mismo que posees hasta el momento, puedes dar un paso más utilizando algunas técnicas de PNL para crear el tipo de seguridad que se puede transferir a cualquier situación. Así que hagamos primero un rápido repaso antes de tener en cuenta las condiciones necesarias para que esto suceda. Escoge la opción con la cuál estés de acuerdo:

  1. La seguridad es una actitud mental general asociada a sentimientos positivos que puede ser aplicada a cualquier situación.
  2. A menudo, se confunde la familiaridad con la seguridad.
  3. La verdadera seguridad se pone de veras a prueba en un territorio que no nos es familiar
  4. La comparación es un modo útil de darnos cuenta de qué hacen otras personas para obtener resultados
  5. Al juzgar las acciones de otra persona, bloqueas tus intentos de ser más seguro
  6. Al juzgarte a ti mismo, también bloqueas tus intentos de ganar seguridad.
  7. Tus perfiles o metaprogramas y tus valores personales influirán en hacia dónde dirijas tu atención
  8. Tus creencias determinarán lo que estás preparado para hacer para reforzar tu seguridad.
  9. El preguntar «¿por qué?» te dejará donde estabas. Preguntar «¿qué?» y «¿cómo?» te ayudará a colocarte en una posición de mayor seguridad.

Puede que estés de acuerdo con las opciones que te di, pero existe otro factor crucial: el número 10, que no está en la lista. Se trata de conquistar el miedo.

Lo único que necesitas para dar el primer paso es tener suficiente seguridad como para motivarte a ti mismo con el deseo de tener éxito

Tienes que estar en el terreno de juego para poder jugar: cuando ves a un orador seguro de sí mismo, como Tony Robbins, lo que no ves son las horas, días y semanas que le ha dedicado a practicar sus habilidades y a investigar en el tema de la presentación. Tampoco sabes que ha estado observando con detalle y copiando (prefiero la palabra modelar) las técnicas de otros oradores a los que admira. Lo mismo se puede aplicar a cualquier actuación, ya sea sobre un escenario, en un campo deportivo, sobre la pista, en una fiesta, una reunión, con un proyecto o con una relación. Aun así, hay demasiadas personas que esperan desenvolverse bien sin poner esfuerzo en ello.

La esperanza obtiene muy pocos resultados si no está acompañada de destreza y actitud positiva.

Cuando una persona teme la interacción social, olvida pensar en la cantidad de fiestas a las que puede conseguir ser invitada. Pero eso es exactamente lo que debería estar haciendo, ganar experiencia y practicar, ensayar. Es el modo en el que consigues tener destreza en cualquier cosa. Ya sea socializarte, hablar en público, fundar un negocio o cualquier cosa. En algún momento, tienes que lanzarte a ello y empezar a cometer errores. Tienes que estar en el terreno de juego para poder jugar. Lo único que necesitas para dar el primer paso es tener suficiente seguridad como para motivarte a ti mismo con el deseo de tener éxito. Por eso, hazlo lo mejor que puedas: hacer una presentación en el trabajo o hablar en público en un evento social es exponerte a que tu audiencia te observe, te juzgue y te valore. Lo más probable es que quieras causar una buena impresión, ¿no?

¿No tiene sentido, entonces, que lo hagas lo mejor que puedas?

¿Por qué hay tanta gente que no ve las cosas de este modo?

La misma actitud de «poner toda la carne en el asador»

se aplica a tener seguridad en uno mismo para mantener una relación, para perseguir un objetivo importante, para convertir un hobby en negocio, para encontrar un trabajo que sea satisfactorio y para sentirte bien contigo mismo en general, al margen de lo que esté pasando a tu alrededor. Si lo único que hace falta es práctica, reforzar la seguridad no sería en apariencia algo tan difícil. El problema es que los sentimientos interfieren. Así, acabas diciendo cosas como «No soy una persona segura» y trasladando una mala sensación acerca de algo a todas las áreas de tu vida. Entonces, no importa lo mucho que practiques, siempre estarás esperando fracasar. Si no fuera por los sentimientos, serías capaz de reforzar tu seguridad de forma lógica respecto a cualquier cosa.

Uno de los primeros requisitos para tener seguridad es tener un objetivo que merezca la pena perseguir.

Necesitas un deseo o una aspiración: el vivir y trabajar sin un deseo o una aspiración es como embarcarse en un crucero y no saber adonde te va a llevar. No estás al timón ni tienes control sobre tu destino. Por lo tanto, te pasas el tiempo reaccionando a lo que ocurre a tu alrededor y esperando que algo bueno suceda. Uno de los primeros requisitos para tener seguridad es tener un objetivo que merezca la pena perseguir. Para empezar a crear una aspiración, te pregunto:

¿Qué valoras tanto como para entrar en el «terreno de juego» y trazar un plan de acción?

En este caso:

  1. Podría ser algo sólo para ti o para alguien más.
  2. Elijas lo que elijas, debe ser lo suficiente importante para ti como para dedicarle tiempo y esfuerzo.
  3. Elije una cosa para empezar (existen tantas elecciones posibles estos días que es fácil querer hacer demasiadas cosas, con lo que nunca conseguirás hacer una sola cosa particularmente bien).
  4. Puede que ya tengas una fuerte aspiración o puede que sea algo que apenas has experimentado. No importa, siempre que encuentres algo que remueva una energía positiva dentro de ti cada vez que pienses en haberlo conseguido.
  5. El modo de crear una aspiración pasa por utilizar la imaginación para construir imágenes mentales fuertes de aquello en lo que quieres mostrarte seguro.

Si pudieras pasar un tiempo rodeado de personas que consiguen cosas de forma consistente (que es, per se, una aspiración que merece la pena) te darías cuenta de que parecen muy concentradas y enfocadas. Ten presente que las personas centradas y seguras:

  1. No pierden el tiempo con actividades improductivas.
  2. Hacen que cada minuto del día sirva para conseguir algo de valor. ¡A menudo, ese algo valioso es pasarlo bien!
  3. Saben qué ignorar y en qué centrarse.

Esto nace de un hondo deseo o aspiración de conseguir algo y todo lo que hacen parece estar vinculado a esta aspiración. Intentemos aprender a «quedarnos en el terreno de juego», a modo de calentamiento:

  1. Elije una actividad o situación en la que de, veras, quieras sentirte más confiado.
  2. Tómate tu tiempo y piensa en una cosa que, si pudieras afrontar con seguridad suprema, tendría un impacto positivo en ti.
  3. Mientras piensas en esa actividad, date cuenta de cómo te sientes y de tu motivación para hacer algo (respecto a ello), comprometerte con ello.

Ahora es el momento de comprometerte con ello. El ejercicio sería:

  1. Elije una situación ante la que te gustaría sentirte seguro.
  2. Crea una imagen de ti mismo enfrentándote a esta situación con la seguridad de una sólida roca. Si tu imagen mental no es muy nítida, fija la vista en un punto del horizonte y observa cómo la imagen de pronto se ilumina. También puedes hacerlo con los ojos cerrados si así te es más sencillo visualizarlo y recuerda mantener tus imágenes proyectadas en la línea del horizonte.
  3. Crea una película en tu mente que tenga un final positivo y, entonces, captura la escena de tu película donde aparezcas mostrándote más seguro.
  4. Ahora acerca esta imagen un poco más y céntrate aun más en ella.
  5. Al mismo tiempo, emplea un tono de voz seguro para reforzar la motivación, con palabras como «Bien, es hora de hacer esto realidad». Dite estas palabras a ti mismo como parte de tu diálogo interno. Mientras lo haces, observa cómo tus sentimientos positivos se refuerzan y acostúmbrate a este sentimiento, pues formará parte de tu motivación para levantarte y ponerte manos a la obra…

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