Creer en ti mismo: es fácil si sabes cómo hacerlo. Parte 10

Hola que tal, ¿como te ha ido? Espero que muy bien 😀 y continuando con el tema, haré énfasis en el tema del autocontrol: hay que tener la mente alerta y no descuidarla. Verás, no sólo tienes una mente increíblemente alerta y receptiva: tienes el potencial para utilizar dos o más mentes. Una forma de acercarse a ser más seguro de uno mismo es imaginar tener dos mentes, siempre que una se utilice para controlar la otra. Así es como comienza el autocontrol, en la relación entre tus dos mentes. Algunas personas parecen tener mucho autocontrol y son capaces de resistir las tentaciones y las distracciones. Otras tienden a estar siempre perdiendo la batalla, entregándose a todo tipo de distracciones y excesos, lo que provoca malos sentimientos y baja autoestima.

La mente que necesita ser controlada, es la que almacena todos tus hábitos y respuestas automáticas. Si esta mente suele ser llamada mente inconsciente, es porque es capaz de operar sin que tú seas consciente de ello. Es responsable de todos tus comportamientos automáticos y acciones rutinarias, incluyendo la manera en que te comunicas con frases y secuencias de diálogo habituales (las que son llamadas «muletillas» en el lenguaje). También es responsable de todo el pensamiento y comportamiento asociados con tu inseguridad y los sentimientos de ansiedad, rabia y miedo. El controlar tu mente inconsciente es la manera de incrementar tu sensación de seguridad. Recuerda que

«Lo que capturas en tu mente para ser capaz de recordar experiencias, es sólo tu percepción de los hechos en el momento en que ocurrieron».

Tu mente inconsciente puede confundirse con facilidad: por ejemplo,

¿Cómo sabes la diferencia entre algo que has visto y algo que has imaginado?

Lo que capturas en tu mente para ser capaz de recordar experiencias es sólo tu percepción de los hechos en el momento en que ocurrieron. Las percepciones son básicamente ilusorias, son formadas a través de una sola representación individual teñida de valores y creencias. Por supuesto, recordarás los hechos, pero el significado que otorgues a esos hechos es únicamente tuyo, personal e intransferible. Además, es algo fluido, de forma que según aprendes y creces, tus percepciones y los significados asociados cambian contigo. Sólo con saber que la mente funciona de este modo, tendrás una gran ventaja a la hora de reforzar tu seguridad. Así, puedes utilizar tu mente consciente, más elevada, para darle nuevas instrucciones a la mente inconsciente que imagina, recuerda y construye tu experiencia interior ilusoria. Cuando reaccionas ante los hechos, puedes hacer dos elecciones básicas:

  1. Puedes reaccionar como si el suceso fuera a beneficiarte; ves determinada experiencia como una oportunidad.
  2. Puedes reaccionar como si fuera a lastimarte; ves la misma experiencia como una amenaza. Si te falta seguridad, entonces la gama de sucesos que pueden provocar esta reacción es mucho más grande.
  3. Te quedas al margen: Te preocupa no saber qué decir o sentirte torpe y fuera de lugar. Te preocupa que se den cuenta de que estás nervioso e incómodo.
  4. Cómo enfocas la situación: Tus experiencias sociales se verán cada vez más limitadas, quizá puedes lastimarte a ti mismo emocionalmente a largo plazo. Tu habilidad para entablar nuevas amistades decrecerá y te volverás más solitario e introvertido.
  5. Te inclinas a entrar en la habitación; Te sientes emocionado ante la perspectiva de conocer gente nueva y quieres hablar con todo el mundo antes de irte. Podrías hacer nuevos amigos si quieres.
  6. Las consecuencias de tu enfoque: Tus experiencias sociales se verán enriquecidas y tendrás la sensación de estar conectado con otras personas. Te resultará cada vez más fácil hacer nuevos amigos y encontrarás soluciones a tus problemas a través de las conversaciones que tengas.

Mientras que es razonable que, saltar de un avión por primera vez provoque cierta reacción de miedo en algunas personas, es mucho menos razonable esperar la misma reacción sólo por entrar en una habitación llena de gente. Sin embargo, hay muchas personas que reaccionan como si estuvieran en peligro cuando entran en una habitación llena de desconocidos. El reforzar tu seguridad tiene que ver con alejar tus pensamientos de las percepciones de amenaza y comenzar a sentir que las oportunidades son posibles. Según aumenta tu seguridad en ti mismo, se reduce la gama de experiencias que te provocan el sentimiento de estar en peligro. En vez de ver peligro en las experiencias, comienzas a ver oportunidades y beneficios.

Ojo, esto no significa que digas «sí» a todas las proposiciones peligrosas que se cruzan en tu camino y te conviertas en un irresponsable, sino que seas capaz de ampliar tus elecciones y puedas involucrarte en más actividades que te beneficien como persona.

Tampoco se trata sólo de ser optimista y positivo con todas las cosas y todo el mundo. Tu nueva seguridad en ti mismo te permitirá experimentar, sin miedo ni ansiedad, muchos aspectos de la vida. Puedes elegir seguir diciendo «no» a ciertas cosas, pero tus elecciones surgen de propósitos prácticos y no son el resultado de tu miedo. El estado de salud de tu pensamiento determina tu comportamiento.

¿Cuántas experiencias diferentes hacen que te sientas en peligro cuando no existe ninguna amenaza física real? ¿Y cómo te enfrentas a cada una de ellas para que tu seguridad en ti mismo permanezca al margen de la experiencia?

Te voy a pedir que pienses en las siguientes afirmaciones:

  1. Todas tus reacciones comienzan con un único pensamiento: este pensamiento atrae a otros de naturaleza similar hasta que un mosaico de pensamientos similares ocupa tu mente (creando vías neurales que los corroboran).
  2. Cuando adoptas un cierto estado emocional, tiende a infectar todos los pensamientos que tengas en la cabeza, así que incluso el más inocente de los pensamientos puede verse tintado de miedo, ansiedad, depresión, rabia o indiferencia.
  3. Cuando los pensamientos y las emociones se entremezclan, suele ser la emoción la que toma el mando.

Recuerda que es la emoción la que construye pobres excusas:

  1. Para no hacer las cosas.
  2. Para hacerte enfermar cuando no existe causa externa real.
  3. Para encubrir una falta de voluntad.
  4. Para culpar a alguien más de modo que puedas librarte de la responsabilidad de no perseguir lo que realmente quieres.

Así que el estado de salud de tus pensamientos determina tu comportamiento: si no te gusta cómo te sientes, entonces, sin duda, necesitas reforzar tu seguridad para romper con esa infelicidad o sensación de soledad. Por ejemplo, si crees que te gustaría conocer a alguien que te atrae, cuando hayas conseguido trazar un plan para presentarte, un estado emocional negativo (digamos, por ejemplo, miedo al compromiso) implicará que tu comportamiento actúe en contra tuya y ya sea que te autosabotees y hagas que la persona pierda interés en ti (a mí me pasaba). Tu mente es incapaz de procesar una instrucción negativa. Si mantienes en mente la idea de «llegar a tiempo», es más probable que llegues a tiempo que si manejas la noción de «no llegar tarde». En ese orden de ideas, el actor y artista marcial chino, Bruce Lee (masón y de ascendencia judía)

aconsejaba a cualquiera que tuviera un deseo

«mantener la mente centrada en lo que quieres y alejada de lo que no quieres»

Se trata de un consejo muy práctico. Primero, tienes que saber qué quieres:

¿Sabes cómo es querer algo de veras? ¿Tanto que no dejes que nada se interponga en tu camino?

Podría ser una relación, una idea de negocio que quieres materializar o una ambición de carrera profesional. Una persona segura de sí misma tiene una fuerte sensación de estar dirigida (por su propia mente consciente) hacia la consecución de su objetivo. Mantén un pensamiento positivo: se tiende a conseguir lo que se tiene en el pensamiento, así que aunque pienses que no quieres ver un elefante, estás pensando en un elefante. Una persona segura de sí misma tenderá a mantener imágenes positivas de lo que quiere en la cabeza en vez de pensar en lo que no quiere. Recuerda que las personas que temen lo peor, suelen lograr conseguir lo que no desean. Una persona insegura, por otra parte, tiende a rodear su deseo con pensamientos de dificultad y posibles maneras de fracasar: esto hace que su energía y su impulso se desvanezcan y suscita todo tipo de dudas acerca de su capacidad para triunfar. Las personas que temen lo peor, suelen acabar consiguiéndolo. Una característica común en el modo de pensar de la persona insegura es el diálogo negativo frecuente o hablar con uno mismo. Es como tener una sonido en .mp3 en la cabeza que no deja de repetirte una y otra vez:

  1. Lo incompetente que eres comparado con otras personas.
  2. Lo mal que pueden salir las cosas.
  3. Cómo nadie te escucha o se interesa por ti.

Esto provocará un descenso de tu confianza y una sensación de desánimo. Estas frases negativas no hacen más que dispararse cuando enfocas la atención en ti mismo. Como consecuencia, tienes que dejar de escuchar lo que están diciendo las otras personas, lo que te hace sentir incluso peor al darte cuenta de que has perdido el hilo de tu objetivo en algún momento. Escucha tu voz interior y observa qué tipo de voz es:

¿Es tu propia voz o la de otra persona?

¿Qué tipo de tono, velocidad y volumen tiene esa voz?

Si fuera una voz más segura,

¿Cómo sonaría? ¿Qué palabras le pondrías?

Intenta algunas de estas palabras y siente cómo te afectan:

iVamos, adelante!

Bien. ¡Es hora de pasar de todo esto y hacer algo positivo!

De acuerdo. ¡Pongámonos con ello!

Basta de pensar, ¡es hora de actuar!

¡Adelante con ello!

¡Va a salir muy bien!

¡En marcha!

En mi canal de Telegram tengo un sonido motivacional que te puede servir, ve allá y descárgalo sin costo… Y ahora, sintoniza tu postura con tu tono de voz: si tienes mucho diálogo interior, notarás que tu cabeza está inclinada hacia delante y los ojos miran hacia abajo. Es la posición que toma una persona cuando se está dejando llevar por el monólogo interior. Sólo tienes que observar cuántas personas lo hacen cuando caminan por una calle llena de gente. Por lo tanto, lo más sencillo que puedes hacer para «apagar» tu diálogo interior es levantar la cabeza y enfocar tu visión en algún punto sobre la línea del horizonte. Comprueba tu postura también y asegúrate de que tienes la espalda erguida y no en posición cifótica (es decir, con joroba).

Es mucho más difícil mantener el diálogo interno cuando estás erguido de esta manera. Observa más a tu alrededor y mantén la atención enfocada hacia fuera, en el entorno. Este cambio tan sencillo será enormemente beneficioso.

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